lunes, 9 de noviembre de 2009

AUNQUE ME MOJE, QUE NO SE ENOJE.

EN ESTE DÍA DE LLUVIA LES REGALO ESTE CUENTO.

Esta historia le sucedió al señor Sequeja y su familia. Siempre había alguna situación que los impacientaba. A la señora no le gustaba hacer mandados y cargar con las bolsas desde el supermercado que quedaba frente a su casa.
– Me salen callos en las manos –repetía.
A su marido le encantaba comer ricos manjares, pero había un inconveniente, no le gustaba sentir aroma a comida en los ambientes. Entraba a su casa frunciendo la nariz:

– Um fuuu, hay un exquisito olor a pollo arrollado, ¡pero abran las ventanas o me voy a comer a otro lado!
Muchas veces se iba a almorzar a la vereda o a caminar por la plaza mientras comía ensalada.
– ¿Qué hace don Sequeja? -un conocido le preguntó.
– De mi casa he disparado, el olor a lechuga casi me ha ahogado.
Ni pensar en ir a comer a sofisticados restaurantes o puestos de comida destartalados, ¡todos de su desagrado!
En cuanto a la hija de los Sequeja, durante las vacaciones -en la sierra o en el mar- esperaba ansiosa que terminaran porque deseaba a la escuela regresar.Una vez en el aula no había quién la soportara. Si la maestra leía un cuento ella decía:
– ¡Ya lo sé de memoria, es una historia que me hace bostezar!
Si la actividad era sencilla, regañaba:
– ¡Esto es para recién nacidos!
Si la situación se complicaba, llorisqueaba:
– ¡Nii mi paapá lo saabe haceerr! ¡Buuaahh!
– ¡Nada le viene bien señorita Sequeja! –le dijo un día la maestra.
Llamaron a los padres a reunión para encontrar una solución. El señor Sequeja se sentó en un sillón de la dirección y pidió que le trajeran unos almohadones porque el asiento era muy bajo, luego habló tapándose la nariz:

– Disculpe señorita, pero no soporto el olor a desinfectante que hay en este lugar.
Entonces los hicieron pasar a la biblioteca, pero allí la que se tapó la cara completa fue su esposa:
– ¡Qué contrariedad, tendremos que ir a otro lugar porque no tolero el olor a libros viejos!
Así pasaron por la secretaría, los baños, la cocina, el cuarto Guardalotodo y terminaron debajo de la escalera, un lugar que les resultó especialmente cómodo, aunque la maestra terminó con tortícolis por mantener apretada la cabeza entre dos escalones. La reunión finalizó cuando estaba por empezar. La maestra, después de mucho pensar, en el acta sólo una frase escribió: “lo que se hereda no se roba”.
Las mascotas de la casa habían adoptado el apellido Sequeja. Por eso la tortuga no toleraba que el perro ladrara, y éste no se explicaba porqué no podía jugar con ella a hacer salto en alto. La tortuga pensaba que el perro era muy acelerado, que iba de aquí para allá y sin ningún motivo se agotaba.
Las quejas de esta familia eran de las más variadas, pero había algo en especial de lo que todos los Sequeja se quejaban por igual: de las visitas de la señora Lluvia.
– ¡Otra vez viene por acá! ¡Deja la casa sucia con sus pisadas! –protestaba la mamá.
– ¡Ay no, que si me mojo un resfrío me voy a agarrar! -gruñía el perro.
– ¡Esta señora me trae tristeza y pocas ganas de ir a trabajar! -decía el papá con voz de bebé.
– No quiero ir a la escuela con botas de goma, pero si me quedo ¿qué hago, a qué juego? ­–se preguntaba la más pequeña de los Sequeja.
– ¡Se inunda el jardín, no se enteró esta señora que no vivo en el agua! –y a la tortuga le agarraba el apurón para esconderse en el galpón.
La Lluvia escuchaba cómo todos rezongaban por su visita pero igual regresaba cada tanto, hasta que un día se ofendió. Anotó en su cabeza de nube la dirección de aquella familia tan particular y, entre truenos y relámpagos, se la escuchó decir:
– ¡Nunca más vendré por acá!
El primer tiempo los Sequeja ni se dieron cuenta de la ausencia de la Lluvia, porque estaban muy ocupados protestando por todo lo que ocurría a su alrededor. Un día se quedaron asombrados mirando como la señora Lluvia visitaba a todos, pero a ellos los salteaba. Se alegraron de que su casa fuera la única sin olor a humedad, ni barro en el jardín, ni gotitas que llorasen sobre la ventana trayendo nostalgias al señor Sequeja.
Pero al primer tiempo, le siguió el segundo y el tercero. Las paredes de la casa se agrietaron, las baldosas se elevaron del suelo porque no soportaban el calor y desde el Nogal hasta el Duraznero arrastraban las ramas imitando al Sauce Llorón.

– Tengo fiebre -suspiraba el señor Sequeja.
Y el perro usaba la lengua de alfombra.
El día que las tejas se pusieron más rojas que de costumbre y de cada una salía una leve llama que quería unirse a los brazos del sol, los Sequeja reclamaron:

– ¿Por qué no viene la Lluvia a visitarnos?
Pero cuanto más rezongaban, menos respuestas recibían.
Desde entonces pasan las horas danzando en honor a la Lluvia y dicen palabras mágicas que una sabia bruja les confió. Ni llorar pueden, porque hasta las lágrimas se les secaron y esperan, sin quejarse, que a la señora Lluvia se le pase el enojo antes que de la Tierra salga el Dragón de Fuego y, en un abrazo fulminante, se una al Sol.

¡ TU VISITA ES LO QUE HACE QUE TENGA SENTIDO LA EXISTENCIA DE ESTE BLOG!¡GRACIAS!

TIHADA





16 comentarios:

  1. ¡Me gustó este cuento, la próxima lluvia se lo leo a mi sobrino!
    Un beso Tihada
    Y espero el nuevo cuento.
    Mario

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  2. Hola Mario! Siempre es muy agradable que leas los cuentos, sé que le dedicás el tiempo que una lectura necesita.
    ¡Y espero que a tu sobri también le guste! ¿Qué edad tiene?
    BESOS A LOS DOS!

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  3. Recién leí tu respuesta. Mi sobrino tiene 6 años y le gusta que le lea tus cuentos.
    Saludos.
    Mario.

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  4. Tihada!!!, leí este relato con una sonrisa en el rostro y hasta ahora no puedo dejar de sonreír; es buenísimo, ingenioso y adictivo como todo lo que escribes...
    Publica tus historias por favor...
    Te dejo mi abrazo con olor a cedrón y hierba buena...
    Ev...

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  5. HOLA EV! QUÉ HERMOSAS TUS PALABRAS, ME HICISTE EMOCIONAR.
    PONGO MIS MANOS EN EL INCIENSO DE MI JARDÍN Y LAS APOYO EN LA PANTALLA, CUANDO LEAS ESTE MENSAJE NO TE SORPRENDAS SI SENTÍS EL AROMA, ES EL REGALO QUE DESDE AQUÍ TE ENTREGO.
    GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS!

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  6. Es un cuento perfecto para leerse en una tarde de lluvía con té y panecillos. Afortunadamente existe la imaginación, asi podemos conocer lo que pasa por la cabecita de otros.
    Besos Thiada.
    Esmeralda

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  7. Hola!, que bueno,un historia genial admiró tu capacidad de escribir, te deseo siempre tengas ese don porque lo haces preciosos, disfruto leleyendote cada vez que vengo. que más decir me encantan tus letras.
    un enorme abrazo

    Pao

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  8. Hola Esmeralda!
    Sí, qué bueno, una mesa redonda, pan caliente y muchas historias para contar, me gustó la idea!
    Gracias por tu visita, en cualquier momento ando por tu taller!
    Abrazo!

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  9. Hola Pao! Gracias por tus deseos! ...y yo admiro tu capacidad para dibujar! Me encantaría poder hacerlo!
    Sos la visita esperada Pao,la que siempre llega, aunque hayas tenido que venir -en este caso- con un paraguas a mano por si llueve.
    Te mando un gran abrazo!!!

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  10. TIHADA,CON LO QUE ME GUSTA LA LLUVIA,ESA QUE BAJA SUAVE Y PAREJITO,REALMENTE EN VEZ DE PONERME NOSTALGIOSA, ME SACÓ, UNA SONRISA.
    GRACIAS POR DELEITARME CON TU INGENIO. CRISTY.

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  11. TIHADA, CON LO QUE ME GUSTA LA LLUVIA, SOBRE TODO ESA QUE BAJA SUAVECITA, PERO EN ESTE CASO, EN VEZ DE DEJARME NOSTALGIOSA, ME ROBÓ UNA SONRISA,ESA QUE ME HACÍA FALTA. !GRACIAS! CRIS.

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  12. CRISTY, SI EL CUENTO TE "ROBÓ UNA SONRISA" ES EL MEJOR COMENTARIO QUE ME PODÉS HACER.
    Y QUE ESA LLUVIA SUAVE QUE A VOS TE GUSTA, LIMPIE EL ALMA QUERIDA AMIGA.
    UN GRAN ABRAZO!!!

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  13. Mmmmmmmmm los lloronessssss..que poco me gustan.
    Muy divertida la historia, seguro que en esa casa hasta las moscas se quejaban..jajaja.
    Besos linda Tihada.

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  14. Ay Ali, gran creadora y generosa Alibruji, para mí es una alegría y un honor quE pasés a leer!

    INFINITAS GRACIAS!

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