miércoles, 18 de junio de 2014

Con tejedoras así el mundo está abrigadito

Las hermanas Pascualini están felices porque hay nuevas tejedoras que siguen su camino...

Tengo mucho para contarles de cómo crece La Bufanda Humanitaria gracias a nuevas tejedoras que, lanas y sueños en mano, tejen y tejen para que todos estemos más abrigaditos.

En la Biblioteca Del otro lado del árbol Olavarría comenzó el viernes 6 de junio un taller de tejido y  nos cuentan que leyeron "La Bufanda Humanitaria" y que, motivados por la idea del cuento, del taller se desprenderá un trabajo solidario, tejiendo cuadraditos de 20 x 20 cm para donar a Red Solidaria y hacer mantas.

Hermosa idea la de la biblioteca que tiene expertas tejedoras y tejedores de sueños que cada día hacen realidad.
¡Gracias por permitirme participar con  un cuento!
¡Gracias por todo lo que hacen!

Del otro lado del árbol Olavarría - Taller de tejido
 Y la Bufanda sigue volando para abrigar en todos lados. Paula Lastra forma parte de una hermosa experiencia que lleva adelante el grupo "Sábados de Cuentos", de la Biblioteca Domingo Faustino Sarmiento de Río Colorado, provincia de Río Negro.

Paula nos cuenta:
"Somos un grupo voluntario que ya estamos en nuestro cuarto año trabajando en promoción de la lectura de una manera lúdica, los sábados, con niños de 3 a 12 años. Siempre arrancamos con un cuento a lo que le sigue alguna actividad plástica o literaria referida al mismo, para continuar con una merienda y culminar la tarde con alguna actividad recreativa."
Paula, además de leerles, comenzó a narrar y entre los cuentos ¿adivinan cuál contó?
¡Sí, La Bufanda Humanitaria! Paula termina su relato diciendo esto tan bello que quiero compartirlo:
"De una caja saqué una bufanda que una amiga muy especial me tejió. Uno en uno fueron estirando la gran bufanda, se fueron enredando y me decían: ¡la bufanda de este cuento es muy calentita, por eso es linda!"
 

¡Gracias Paula y a todo el grupo de Sábados de Cuentos por hacer posible estos encuentros entre las historias y sus destinatarios!
 

¡Pero esto no termina acá!
Las primeras narradoras que sacaron a volar la Bufanda fueron Anamaría Pellegrini y Liliana Farfal del grupo "Son de Palabra". Maravillosas cuentacuentos que también han contado la historia en grupos de tejedoras, en campañas para juntar libros y, hace unos días, lo hicieron en la Del Otro lado del árbol, en el parque Saavedra de La Plata. ¡Un placer escucharlas!
 

¿Quieren saber más sobre esta Bufanda que ha tomado vuelo propio y a veces no sé ni por dónde anda?
En el blog Mi Sala Amarilla, Sandra les sigue contado y les hace una especial invitación. Para leer acá  Un proyecto para el invierno


La adaptación de La Bufanda Humanitaria a texto teatral  y  mucho más lo encuentran haciendo clic en estos ovillos que esperan más tejedor@s...


http://cuentosdetihada.blogspot.com.ar/search/label/LA%20BUFANDA%20HUMANITARIA


Para los que no conocen la historia pueden leerla en el siguiente enlace:  



La querida Adriana Alba nos deja esta poesía de regalo. ¡Gracias Adriana! Los invito especialmente a su blog Descubriendo Nuestro Interior



Tinku Kamayó


En ésta tierra de sol azafrán
las mujeres son sabias
construyen telares
y elaboran tintes
que extraen de las plantas
colores de cielo
de arcilla mojada
manos que trabajan
confeccionan ponchos
tapices o mantas
lo aprendieron todo
de las más ancianas
amasan el pan
acarrean agua
encienden el fuego
y con sus cajas chayeras
ahuyentan las penas
-regresan a casa-
cantando coplas al viento
las mujeres de Santa María
son sabias.



A. Alba



Inspirado en las mujeres tejedoras de la Provincia de Catamarca y abarcativo a todas las tejedoras del mundo.


























domingo, 15 de junio de 2014

Padres, radio, cuentos, fútbol y más...

La Fábrica de Cuentos es un programa de radio dedicado a la LIJ (Literatura Infantil y Juvenil) que Marídé Minor tiene en Radio Sofía, todos los viernes a las 19 horas.
El pasado viernes 13 de junio tuve la alegría de participar en el programa leyendo uno de mis cuentos. 

Como estamos en pleno mundial y  muchos ( especialmente los padres que, además,  en Argentina se celebra su día) deben estar como el padre del cuento, elegí leer: "A rodar que todo rueda".

El programa comienza con una entrevista a la querida escritora María Teresa Andruetto, que siempre nos entrega amables y esclarecedores conceptos. También reseñas de libros a cargo de Fabiana Margolis. ¡Todo un lujo!

¡Gracias Maridé! ¡Es un placer escuchar tu programa todos los viernes y participar especialmente en esta edición!




Si desean escuchar otros programas y seguir leyendo sobre novedades, entrevistas y diversos acontecimientos vinculados a la LIJ, visiten el blog La Fábrica de Cuentos. 

LA FÁBRICA DE CUENTOS


Para seguir leyendo de padres y fútbol, les dejo una historia que alguna vez me contó papá. Un recuerdo y algunos nombres de su infancia que he dejado grabado para siempre en este cuento.

Cuento: Como en el barrio

Tal vez para eso escribo, para dar cuenta de la Eternidad de cada instante.
¡Gracias viejo por todas las historias que me regalaste!


domingo, 1 de junio de 2014

EL REFUGIO DE FATIGA

Fatiga, así le dicen los chicos a Nahuel porque llega tarde todos los días a la escuela arrastrando los pies, tiene un guardapolvo largo que su mamá le compró para que le dure hasta que se case. Es flaco y uno de los más altos de mi grupo. Antes de entrar al aula deja al hermanito en primero, porque la mamá trabaja desde temprano y él tiene que andar con el chiquito todos los días del año, aunque caigan sapos de punta.
Abre la puerta del salón cuando ya estamos trabajando. La señorita Nelly le dice, ¡apuráte Nahuel!, ¡seguro que recién te levantás! Los chicos le cantan “Fati, Fatiga, Fatiguita seguro te duele la barriguita”.
Pero ni los chicos ni la seño saben que Nahuel se levanta cuando todavía está oscuro y prepara el desayuno para Javier, su hermanito. A la escuela va sin almorzar y en el primer recreo se compra un pancho.
En clase se lo pasa hablando, la seño dice “apagá esa radio”. En el recreo corre y corre, juega a los autitos chocadores y empuja a todos hasta que se arma lío porque alguno se cae o choca contra una columna, entonces a la maestra el maquillaje se le escapa de la cara como fuegos artificiales y grita:
– ¡Arrastrás los pies para venir a la escuela, pero acá corrés como una moto sin frenos!
Algunos se ríen y le cantan ¡moto sin frenos!, ¡moto sin frenos! Nahuel se pone loco y todos disparan. Las chicas se esconden en el baño de nenas donde él no puede entrar y se queda rabioso en la galería.
Cuando nos vamos de la escuela, antes de meterme al auto de papá, lo veo arrastrar otra vez los pies y que tironea a su hermano.
– ¡Mirá papi, ese es Nahuel!
– Sí, ya me dijiste -dice papá, cansado de que le hable de él.
Nahuel vive cerca de casa y hace poco me pasó lo mejor desde que he nacido - ¡y ya hace ocho años que nací!- mamá me dejó ir a la panadería sola y me lo encontré. Él me invitó a la plaza que está a unas cuadras. Al principio no quería ir porque me daba miedo, pero Nahuel me convenció:
– Es un ratito, te muestro la ciudad de unos amigos y volvemos.
En la plaza nos dirigimos al árbol más gigante, con unas ramas gruesas que salían de abajo de la tierra. Nahuel caminó sobre ellas, en puntas de pie y sin zapatillas. Me dijo que me sacara los zapatos y lo imitara.
– Mis amigos viven dentro de este árbol, son un poquito más grandes que las hormigas -me contó Nahuel mientras hacíamos equilibrio- algunos son flacos como un alfiler y otros gordos como una bolita, ¡mirá ahí va uno! ¿lo ves?, tiene tantos colores como los cachetes de la señorita Nelly. ¡Nos invita a seguirlo, vamos!
Nahuel empezó a achicarse hasta llegar a la altura del hombrecito al que llamó Scott y juntos se introdujeron por un nudo del árbol, yo iba detrás. Caminamos por un pasillo largo con muchos recovecos, nos cruzamos con vaquitas de San Antonio más altas que Nahuel y… ¡recién ahí me di cuenta que yo también era del tamaño de una goma de borrar muy usada!
– Bienvenidos a nuestra ciudad -nos dijo el pequeño portero- aquí sólo pueden entrar los que aman la naturaleza.
En ese momento nos cruzamos con muchos seres coloridos, parecidos a Scott. Todos estaban muy ocupados, empujaban carretillas, cargaban palas y baldes, rastrillos.
– ¿Qué hacen? -me animé a preguntar.
– Nosotros somos los cuidadores de esta plaza. Tenemos que lustrar las hojas de los árboles, si una plantita está herida nuestra ambulancia sale a curarla, redondeamos las espinas de las rosas para que no lastimen, hacemos reuniones terapéuticas con las mariposas y los pájaros que están temerosos porque los cazan o rompen sus nidos.
– ¿Y quién es tan malvado que hace eso? -pregunté.
Mi nuevo amigo me miró tristemente y dijo:
– Los humanos.
Recorrimos parte de la ciudad porque era muy grande. Uno de los lugares que más me llamó la atención fue la “Enfermería para Peces” donde, en camillas de agua, estaban panza para arriba miles de pececitos. Algunos tenían una aleta lastimada, otros habían perdido sus bellos colores y estaban grises. El enfermero pintor los acariciaba hasta que de tan felices volvían a recuperar sus tonos.
– ¿Por qué no tienen colores? -preguntó Nahuel.
– De tanto llorar por las latas y las bolsas que las personas tiran en la fuente de agua donde ellos viven -explicó Scott y después de un suspiro largo agregó- ¡por hoy basta de preguntar, continuamos en la próxima visita!
Dicho esto Nahuel se infló y creció. Los dos estábamos apoyados en el árbol cuando vi que mamá cruzaba la plaza. Me puse las zapatillas y salí corriendo a alcanzarla. No sabía cómo iba a explicarle mi tardanza, pero mucho menos qué le iba a decir del calzado, porque apurada me puse las gastadas zapas de mi amigo que -acostumbradas a su dueño- me obligaban a arrastrar los pies.

jueves, 29 de mayo de 2014

Necesito poesía

Necesito poesía, dejen algo por acá. Ese fue mi pedido así acudieron los amigos poetas...



Así arranqué

Puse un leño
mi alma sonríe apenas
golosa
añora quedarse
huyo y aterrizo en la rutina.

Esos brazos me tientan
sin compasión.

Roxi Drucker, narradora y poeta contemporánea, La Plata


Rompecabezas

Las mañanas siempre eran de a uno.
Tu mañana temprana 
y mi tarde mañana.
El total: dos mañanas. 

Cuando llegaba el otoño 
nos desarmábamos 
y empezábamos a contar la primavera.
El total: la espera.

En los atardeceres anochecidos
nos convertíamos en mano.
El total: diez dedos y 
veinticuatro minutos de madrugada. 

Para apurar el invierno
preparábamos cuatro piernas
y dos narices soplándonos.
El total: tus brazos y yo adentro.

Algunas noches 
dormíamos juntos. 
Otras cerca ,casi esquinados.
El total: tu sueño y el mío.

Era en verano
cuando encajábamos.
Más olor que pensamiento.
El total: desnudos.

Y así nos deveníamos.

Lo nuestro era 

de a meses o de a pedazos. 

Marcela Martín, poeta contemporánea, Olavarría.


Desde niño siempre llevo a mi lado un asombro, entonces puedo conmoverme con las palomas suspendidas en el aire, edificios tan altos y no precipitan ni tropiezan entre sí, mujer con esa mirada que lo dice todo a pesar de su boca apretada de compromisos. Cual globo de gas traigo un asombro de la mano, lo saco a pasear, nos divertimos como locos. Y el mundo impávido continúa su derrotero sin hacernos caso


Albin Lainez, poeta contemporáneo, Monte Grande





Esta noche expreso mi deseo: que sigan llegando 


poetas a embellecer el día   



y que en este otoño, 



por cada hoja que cae, nazca un poema





Espero tu poesía






lunes, 24 de marzo de 2014

Nació mi nombre

24 de marzo
Día Nacional de la Memoria
por la Verdad y la Justicia

Un cuento sobre el derecho a la identidad

Nació mi nombre


En el pueblo Sin Nombre todos se conocían y se mencionaban unos a otros diciendo: vos, nena, chico, verdulero, hijo del carnicero, la chica que vive frente al semáforo, la que camina con tranco de alambrador, la viuda del de la nariz torcida.
A medida que el pueblo fue creciendo empezaron las confusiones. Cuando pusieron tres semáforos una vecina le comentó a otra:
– ¿Sabías que la chica que vive frente al semáforo…?
– ¿A qué semáforo…?
– El que está a la vuelta de la carnicería.
– ¿De cuál carnicería?
– ¡Estoy hablando de la chica que vive frente al semáforo que está a la vuelta de la carnicería, de la que está enamorado el chico que vende pan! -contestó furiosa la vecina porque no la comprendían.
La noticia de tener un enamorado llegó a todas las chicas que vivían frente al semáforo y tenían una carnicería cerca.
– ¿Sabías que el que vende pan está enamorado de vos?
– ¡No, de vos!
– ¿De mí?
– ¡No, de ella!                                                                                           
Once jóvenes hermosas salieron a recorrer las tres panaderías y  ese día se vendió más pan que el acostumbrado. A las primeras once se le agregaron otras once, que vivían a media o una cuadra de los semáforos porque les llegó la noticia que “el que vende pan está enamorado de una señorita que vive por la zona del semáforo”. Todo el pueblo está en “la zona” de alguno de los tres semáforos, así que la tranquilidad pueblerina se convirtió en un alboroto cuando todas las jóvenes salieron en busca del enamorado.
Los chicos que vendían pan tomaron diferentes actitudes:
Los que estaban enamorados y se sintieron cohibidos no dijeron una palabra.
Los que no estaban enamorados, pero se sintieron halagados ante tantas bellezas se peleaban por ser el elegido: “el chico de la panadería enamorado soy yo”. “No, soy yo, tengo de testigo a  todos los vecinos que me han visto pasar por los semáforos”. “El que pasa diariamente por el semáforo soy yo y deseo que esté rojo muchas horas para ver salir a mi amada”.
A los panaderos se sumaron otros jóvenes -y no tan jóvenes- que buscaban novia y aunque hasta ese momento trabajaban ordeñando vacas o de payasos en fiestas infantiles, cambiaron rápidamente de oficio y se ofrecieron para trabajar en las panaderías, en algunos casos sin recibir pago, ¡porque hallar el amor no tenía precio!
El conflicto era cada vez mayor. Tuvieron que llamar al Juez que, por suerte, era uno solito que había llegado a aquel lugar tranquilo para no tener pleitos en su profesión. El juez después de escuchar cientos de comentarios y testimonios llegó a una conclusión:
– Las posibilidades de encontrar la pareja de enamorados está entre unos cincuenta jóvenes y otras tantas señoritas, ¡una cuestión imposible de resolver! Desde hoy dispongo que para evitar nuevas complicaciones, llamemos a cada uno por su nombre.
El juez que era muy práctico los puso a todos en fila y los identificó:
Trenza Semáforo.
Flequillita Semáforo.
Orejota Semáforo.
Y así siguió la lista, cada una con su nombre y apellido Semáforo.
A los caballeros los bautizó:
Chueco Panadero.
Rubio Panadero.
Narigueta Panadero.
Y así siguió la lista, cada uno con su nombre y apellido Panadero.
La cuestión se aclaró. Había muchos Panadero y muchas Semáforo, pero una sola “Pequitas Semáforo” y un solo “Sonámbulo Panadero”.
Prosiguió el Juez con sus indicaciones:
– Desde ahora en adelante, cualquiera que nombre a otro lo debe identificar con su nombre y apellido. De esta manera se previenen malos entendidos.
Y tac, toc, toc, toc, tac….puso sellos allá y acá, ¡lo que les costó un alto precio a las Semáforo y a los Panadero!, pero como eran muchos lo pagaron entre todos y el juez tuvo la esperanza de que nuevos pleitos surgieran.
Con el tiempo hubo cada vez más nombres y más bellos que los que puso el juez porque  surgieron de momentos mágicos que en el pueblo Sin Nombre se cuentan así:

Una  madrugada  nació esta linda morena de ojos grandes. Por la ventana su mamá  veía las flores mojadas por la humedad. Los ojos de la mamá también se humedecieron entonces los árboles y el paisaje entero recibieron gotitas de ese amor materno. La mamá, al ver cómo las gotas iban y venían de sus ojos grandes a la tierra, de la tierra al cielo… sintió una emoción que se hizo palabras y le habló al oído a su pequeña:
 – Desde hoy todos te conocerán por tu nombre Rocío del Cielo.


Así fue como la linda morena y otras niñas y niños comenzaron a tener nombres con historia, como te pasa a vos y me pasa a mí. Una historia que quiere salir cuando te nombran: Carlos, Mariana, Pablo, Pilar…una historia que podés contar.


Para ver el vídeo que hicimos con Sandra Luz y Pilar seguir el enlace:
DERECHOS

Propuestas para trabajar la identidad en Mi Sala Amarilla

jueves, 13 de febrero de 2014

Texto teatral: La Bufanda Humanitaria (adaptación del cuento)

                                                        Ilustración Pilar Argés
                                       

Personajes:
Viejo Invierno
Joven Primavera
Eulalia
Flavia
Gato Torcuato
Ratoncito Ñato
Grupos de personas que duermen en la calle: ancianos – niños
Hadas
Gatos
Ratones

Viejo Invierno – ¿Saben quién soy? Seguro que me conocen, soy famoso porque hago brrrr temblar de frío. Mucha gente se esconde y me mira desde las ventanas. A mi paso los árboles me extienden una bella alfombra de hojas. Este año regresé para hacerles castañetear los dientes y helar los pies. Ah, pero aunque ustedes no lo crean, con esta cara de gruñón que tengo, me gustaría que celebraran mi llegada y me recibieran en la plazas y en las calles como hacen con la Joven Primavera.

(Entra a escena la Joven Primavera)

Joven Primavera – (danza alrededor del Viejo Invierno) ¿Mirarte detrás de las ventanas?; ¿temblar de frío? ¡Se comenta amigo que eso ya no va a ocurrir más desde que las hermanas Pascualini y el señor Ledesma se encontraron!

Viejo Invierno – ¿Qué decís? No hay nada en el mundo que pueda hacer detener mi poder de congelar en un segundo a perros, pájaros… Hasta las aguas del mar cambian con mi presencia. Y aunque ese poder que tengo me gusta, debo confesarte que deseo que la gente hable bien de mí y me esperen como te esperan a vos.

Joven Primavera – Ya sé que parecés muy frío, pero hay algo en el mundo que te puede hacer cálido…

Viejo Invierno – ¿Y qué cosa puede ser capaz de detener el frío que traigo? (sopla fuerte) ¡Estoy preparado para escarchar hasta en la cueva de un  ratón!

Joven Primavera – ¿La cueva del Ratoncito Ñato?, ¡no lo creo!

Viejo Invierno – ¡Ñato o narigón, todas las narices se resfrían cuando aparezco!

Joven Primavera – Pero eso ha cambiado con las famosas hermanas Pascualini…

Viejo Invierno – (Interrumpe) ¡Contá de una vez quiénes son ese Ledesma, las hermanas y el ratón!

Joven Primavera - ¿Y del gato también querés saber?

Viejo Invierno – ¿También hay gato encerrado?

Joven Primavera – ¡No, este anda por los techos, por cualquier lado!

Viejo Invierno – (Desesperado) ¡Contá que si seguís dando vueltas va a llegar el verano!

Joven Primavera – Te presento a las hermanas Pascualini, tejedoras como ellas ya no hay. (Entran a escena Eulalia, Flavia, el gato y el ratón Ñato. Las hermanas tejen, mientras el gato y el ratón desovillan la lana).
Una derecha, la otra zurda, cada una con una aguja tejen el mismo saco y veinte gorros mientras esperan que hierva el agua para el té. Ellas son así: tejen a la par y si una empieza a hablar, la otra la idea la va a terminar.

Eulalia – ¡Vení Torcuato…!

Flavia – a desovillar un rato.

Eulalia – Se escapó un punto, necesito…

Flavia  – tu ayuda lindo gatito.

Joven Primavera – Las tejedoras Pascualini han ganado una merecida fama, por eso tienen mucha clientela. Les piden un tapado, una frazada o un sombrero alado y ellas tejen hasta cuando hacen los mandados. Claro que tienen dos excelentes ayudantes: el gato Torcuato y el Ratoncito Ñato, expertos en hallar puntos invisibles, saltarines e incorregibles, y colocarlos en el lugar del tejido del que se han ido.

(El ratón y el gato hacen piruetas con lo ovillos, juegan a embocar la lana en un canasto, las usan como pelotas y arman un partido de fútbol corriendo alrededor de las tejedoras).

Joven Primavera – Entre los clientes tienen uno especial, el señor Ledesma.

(Entra a escena Ledesma. Llega en una bicicleta colorida. Se anuncia tocando la bocina de su bicicleta).

Ledesma – ¡Eulalia, Flavia!  ¡Torcuato, ratón Ñato! ¡Vengo a  buscar otra bufanda!

Eulalia – ¿Otra bufanda…

Flavia – quiere llevar?

Eulalia – Ayer le hicimos una.

Flavia – Y antes de ayer otra.

Ledesma – ¡Sí,  muchas, muchas bufandas necesito!

Joven Primavera – A las hermanas Pascualini las intrigó la actitud de Ledesma y, mientras una manejaba con pericia la aguja derecha y la otra con destreza la aguja izquierda, Eulalia expresó una idea que Flavia concluyó.

Eulalia – ¿Para qué quiere tantas…

Flavia – bufandas?

Eulalia – Si tiene un solo…

Flavia – cuello

Eulalia – ¿Dónde las guarda o ...

Flavia – las expone?

Eulalia – ¡Tal vez es un…

Flavia – coleccionista de bufandas!

Joven Primavera – Hasta que un día, después de la bufanda 313, las hermanas Pascualini decidieron saber qué sucedía.

Flavia – Torcuato dejá de jugar con…

Eulalia – el ratoncito Ñato.

Flavia – Preparate que esta noche…

Eulalia – salimos a ver qué hace el señor Ledesma.

(El señor Ledesma entra a escena andando en bicicleta. Ingresan al escenario grupos de personas que se ponen a dormir en el piso, otras en bancos de plazas. También ingresan hadas. Las hermanas Pascualini, el gato y el ratón siguen a Ledesma,  escondiéndose detrás de los árboles. Ellas van en patineta. El gato y el ratón  llevan  bolsas con lana y agujas. Ledesma tiene puesta una bufanda).

Viejo Invierno – ¡Pero qué hacen estos locos con tanto frío a esta hora de la madrugada! Después me echan las culpas a mí si se enferman. Tienen que estar en la cama porque en un ratito se van a helar los charcos  y caerá nieve cerca de las montañas.

Joven Primavera – Esperá que estás a punto de ver algo sorprendente. Si en el mundo se multiplican las hermanas Pascualini, Ledesma y sus ayudantes,  podrás andar por la calle rodeado de gente feliz que espera tu llegada de la misma manera que la mía.

Viejo Invierno - ¿Sí? Hace tantos años que escucho que todos se quejan de mí, Para transformar mis días grises en soleados sólo puede lograrlo algo mágico…

Joven – ¿Magia, solidaridad, justicia? Que cada uno lo llame como quiera…

(Música. Luz tenue. Ledesma se detiene frente a un anciano que duerme en la vereda y lanza la bufanda haciéndola girar en el aire. Un grupo de hadas toman la bufanda y danzando se la  enroscan en el cuello del hombre. Las hermanas miran asombradas la escena).

Eulalia  – ¡Oh, el señor Ledesma es un amaestrador…

Flavia – de bufandas!

Eulalia – ¡Experto en detectar…

Flavia – desamparados!

Eulalia – ¡No paremos de tejer!

Flavia – ¡No podemos parar, hay que ayudarlo!

Eulalia – ¡Todos los gatos que andan por los techos…

Flavia – ayuden a desovillar!

Eulalia – ¡Y que también vengan…

Flavia – los ratones!

(Entran a escenas grupos de seres fantásticos: gatos y ratones de diversos colores. Traen ovillos de lana. Trabajan ayudando a las tejedoras. Las hermanas tejen con habilidad y rapidez. Ledesma saca otra bufanda, se detiene frente a un grupo de niños y  repite la escena de lanzarla al aire para que las hadas la tomen y, danzando, se la coloquen a un niño, los demás miran).

Eulalia – ¡Oh, el señor Ledesma es un especialista…

Flavia – en dar calor al mundo!

(Ledesma se para frente a un grupo de niños, pensativo).

Eulalia – ¡Señor Ledesma, usted es un abrazador…

Flavia – de cuellos fríos!

Eulalia – Por eso hemos tejido…

Flavia – esta larga bufanda.

Todos  los ratones – Nosotros ayudamos con los bigotes

Todos los gatos – las colas y las patas

Todos los ratones, hadas y Eulalia – ¡a tejer la Bufanda

Todos los gatos, hadas y Flavia – humanitaria!

(De una bolsa sacan una gran bufanda multicolor. Entre todos la toman y se la entregan a Ledesma)

Todos los ratones, hadas y Eulalia – ¡para que el mundo esté más

Todos los gatos, hadas y Flavia – abrigadito!

(Escena final. Todos los personajes recorren el escenario acompañando al señor Ledesma que lanza al aire la extensa bufanda. Eulalia, Flavia, Torcuato, el ratoncito Ñato y  los seres fantásticos: hadas, gatos y ratones, toman la Bufanda Humanitaria. Danzan y cubren las cabezas, hombros, pies, etc, de otros personajes de duermen en la calle).
                                           FiN



...pero no hemos terminado, ¿quieren carteles de presentación, programas y más ideas? Todo lo encuentran en el blog de Pilar Cuaderno de Colores


Entre todos La Bufanda Humanitaria dará la vuelta al mundo... Gracias por ser un tejedor/tejedora que acompaña con una vuelta más...

lunes, 10 de febrero de 2014

Una Bufanda que crece...

Sigo encontrando blogs donde La Bufanda Humanitaria crece y crece...Miren qué lindas actividades ideadas por María!!!

- Jugamos a hablar como las hermanas Pascualini, que ''si una empieza a hablar, la otra la idea la va a terminar''. Un alumno comienza una frase, dejándola a mitad, para que otro compañero la acabe (con o sin rima).

- Todos los primos y primas de las hermanas Pascualini son gemelos, así que vamos a imaginar cómo se llamarían y qué oficio tendrían. Por ejemplo, podrían existir las hermanas Pastelini, que hacen pasteles, tartas, bizcochos y postres sin parar, como sus primas, que tejen y tejen sin cesar. O los hermanos Pizzalini, que cocinan pizzas de todo tipo. O los hermanos Pedrelini, que fabrican las más hermosas joyas.

Para seguir leyendo, en el blog:
En el corazón de infantil

Si querés ver todo lo que se ha realizado con el cuento hacé clic acá
La Bufanda Humanitaria


Y pronto el texto teatral...