Está por terminar el año y más de 33 mil veces alguien se detuvo aquí a leer. Vos sos una de esas personas.
Para celebrarlo elegí dos actividades que hacen a la esencia de este espacio: contarles un cuento y compartir un nuevo Intercambio Creativo.
AL CIELO DE UN TIRÓN
Te voy a contar cómo llegué a ser Perro Barrilete.
Mi dueño me sacaba todas las tardes a la vereda, pero no era nada divertido. Él me ataba a la pata de la silla y yo caminaba tres pasitos. Si quería ir un poco más lejos, mi dueño decía:
– “¡Pichicho venga para acá!”
Tironeaba de la cuerda y un poco saltando, otro poco rodando, regresaba a sus pies que…snif, snif… tenían olor a medias acaloradas.
Algunos días me sacaba a dar una vuelta a la manzana, un paseo muy tironeado. Si me paraba a hacer pis, decía:
– ¡En ese árbol no, se enoja la vecina!
Y después daba un tirón que me dejaba el cuello largo y flaco. Si seguía así iba a tener un futuro de Perro Jirafa.
Cuando mi dueño estaba apurado me llevaba tan ligero que mis patas se desprendían del suelo. Así fue que descubrí que me gustaba esa sensación de parecer por un rato un pájaro, pero era un pájaro atado a una soga.
Hasta que una tarde vi a unos chicos que tiraban de un hilo que pasaba entre los árboles, alcancé a ver lo que estaba atado y no era un perro como yo de pelo marrón y hocico negro. Eso que danzaba como una bailarina con flecos en el vestido, era multicolor. Uno de los chicos me miró a los ojos y me dijo:
– Lindo perrito, ¿te gusta mi barrilete?
Desde ese día empecé a mover la cola cada vez que pensaba en mi sueño: volar como un barrilete.
Después de muchas noches durmiendo en la cucha, con la cabeza mirando al cielo, logré mi deseo. Salimos a la vereda y mi dueño tiró fuerte de la cuerda porque quise saludar a una linda perrita con un moño rosa en cada oreja. En el primer tirón volé bastante alto, hasta la primera rama de un árbol y ahí tomé coraje, con los dientes tiré de la cuerda. El que rodó fue mi dueño que cayó en un charquito de agua y un barquito de papel que pasaba por ahí se lo llevó.
Quedé suelto y flotando a la altura de los techos, moví las patitas como nadando en el aire y llegué hasta una nube salvavidas. Me acosté en ese colchón puro blanco algodón y ladré al mundo:
¡Como un barrilete vuelo
no quiero rodar por el suelo!
Desde entonces las nubes son mi cuna. Los rayos de sol, puentes colgantes. El arcoiris un trampolín. La luna, una bicicleta con una sola rueda con la que hago piruetas entre las estrellas.
Ahora me queda otro sueño por cumplir: encontrar a la perrita de los moños rosas.
Los invito a conocer a los Sequeja en el blog de Pilar que, una vez más, me sorprende haciendo viajar a los personajes de mis historias. ¡Gracias querida amiga por este Intercambio Creativo!