La señorita Turdemialle escuchó maravillosos cuentos de gran influencia en su vida literaria y su accionar diario, especialmente durante aquellos años encantados (o encuentados) de la adolescencia.
“La Cenicienta” le dejó la esperanza de la llegada del Príncipe Azul. De esa expectativa le quedó una práctica: dejar olvidado intencionalmente un zapato en diversos lugares como restaurantes, teatros, carnicerías o el transporte público. La vieron en reiteradas oportunidades llegar a su casa a las chuequeadas y rengueando con un solo zapatito. Esos actos románticos -descabellados según sus vecinos- dieron como resultado que tocaran el timbre de su casa jóvenes muy honestos llevándole el zapatito perdido, entre ellos el acomodador de un cine que le ofreció ver películas gratis; un mozo muy romántico que le obsequió restos de comida; y el dueño de una zapatería que le regaló cientos de zapatos que nadie compraba, pasados de moda y dos números menos que los que ella usaba. Tener los dedos apretujados le provocó fuertes jaquecas, callos, contracturas desde la cervical a la cintura y la inigualable cara de ceño fruncido que le dibujó las primeras arrugas en el entrecejo. Esto la convenció de que la búsqueda del Príncipe Azul iba por otro lado.
Trajo a la memoria la historia de la “Bella Durmiente” y decidió que ese era un buen método para encontrar un enamorado. Primero durmió largas siestas en su casa, pero al despertar todo seguía igual, entonces se dio cuenta que la tenían que ver durmiendo los demás. Así conocieron su nueva práctica los árboles de diferentes parques y plazas. Antes de dormirse colocaba un cartel colgado de uno de sus pies:
Si me despiertas con un beso
serás mi príncipe azulado
te lo juro, te prometo
te perseguiré a todos lados.
Los caminantes, las señoras que sacaban a pasear el perrito, los vendedores ambulantes, todo el que por allí pasaba se detenía y esta frase pronunciaba:
– ¡Qué idea más descabellada!
Se despertó por un pájaro que no llegó al baño y le trajo suerte, a causa de un fuerte viento que la dejó colgada de la rama de una araucaria y por un chaparrón que le regaló atchís durante un mes; pero el esperado beso nadie se lo dio.
Por último se puso frente al espejo para preguntar aquello de “espejito, espejito”; pero no alcanzó a pronunciar palabra porque su imagen al “Patito Feo” le recordó. Es que de tanto decirle “descabellada” casi sin pelitos se quedó.
domingo, 27 de septiembre de 2009
jueves, 24 de septiembre de 2009
HOMENAJE A LA TURDEMIALLE (Post mortem)
(En el centésimo décimo quinto aniversario de su nacimiento)
PRIMERA ENTREGA: “A los artistas el arte nos trae artritis”
La señorita Turdemialle vivía en un pequeño departamento y escribir era su entretenimiento.
Todas sus amigas, cuando venían a tomar el té con leche, dedicaban un tiempo de su apretado ocio y escuchaban alguna de las historias escritas por la señorita Turdemialle.
– ¡Qué creatividad exuberante!
– ¡Tu cabeza encierra una mina de oro!
Fueron algunas de las frases que convencieron a la talentosa señorita a dejar de lado el pudor y participar en cuanto concurso literario se le presentó.
– Buenos días -dijo un día uno- soy de editorial Libros Pedantes no son los de Antes, le informo que organizamos un concurso bianual sobre la valoración de las antigüedades.
Esa noche la señorita Turdemialle escribió un emocionante cuento sobre la cristalería de su abuelita. Como era de esperar -menos por sus amigas- se ganó una mención honorífica que le llegó por correo certificado, pago contra reembolso. Cuando abrió la encomienda se emocionó ante una colección antiquísima de enciclopedias, con importantes términos que ya no se usaban y las pesadas tapas conservaban el polvo dándole ese invalorable toque naturalista. La señorita Turdemialle se sintió feliz como “chico con zapato nuevo” (en este caso usado). Sólo una pequeña duda la invadió cuando tuvo que regalar a la Biblioteca Popular sus novísimos libros, porque no entraban en su angosta estantería.
El segundo concurso lo leyó en un afiche colgado en una casa naturista. “Cuidemos el medio ambiente” era el lema en esa ocasión y ahí nomás, entre cereales y helados dietéticos, se inspiró y meta metáfora y rima una poesía escribió. Qué susto se llevó cuando le anunciaron por teléfono que había ganado. El primer premio consistía en una escultura de bronce representando un árbol perenne (es decir con hojas y todo), al que por un artilugio técnico, si lo enchufaba con un cable que le salía del tronco, en verano daba frutos bronceados.
A la señorita Turdemialle a partir de ese hecho no paraba de sonarle el teléfono, ya sea para felicitarla por el premio o -los envidiosos de siempre- para expresarle su desaprobación porque tiró todas las macetas florecidas por el balcón. Aunque trataba de explicar que tuvo que hacerlo para darle un espacio digno a su premio, hay gente que no entiende. Ese día se dio cuenta de su esencia de artista: “todos cargamos la mochila de la incomprensión”, se lo dijo al reportero que la reportó del diario en cuanto pudo.
Esa frase la consagró a formar parte de un limitadísimo Club de Intelectuales, gracias a lo cual recibía a diario las novedades de los concursos que se realizaban desde Zaldungaray a París, desde Daireaux a Nueva York. No le alcanzaba el tiempo para leer las bases, que detallaban de pe a pa las instrucciones para participar. Paso a dar unos someros ejemplos:
“Puede participar cualquier persona que sea mayor de edad, aunque no tanto porque debe estar viva en el momento que se dictamine el fallo dentro de diez años”.
“Los trabajos se reciben desde el día 12 hasta el 13 del presente mes, a las 0 horas. No se tendrá en cuenta fecha de matasellos de correo”.
Comprendió que si continuaba leyendo instructivos iba a perder su halo inventivo. Así se decidió por un concurso que fue fácil escribirlo, porque había que motivarse en los colores y sus matices. La señorita Turdemialle se colocó frente al espejo y observando su maquillaje escribió un cuento que los más ásperos críticos internacionales coincidieron en afirmar: “estamos frente a la literatura del futuro: beyond the absurdity”; libremente traducido al castellano: “arriba con los zurdos”. Lo que sonaba lógico porque ella escribía con la mano izquierda.
El sumun de la absurdidad todavía no estaba escrito en las páginas de la literatura, sino que lo llevarían a cabo en vivo y en directo unos chambones que le trajeron el premio: un mural de 2 por 5 metros de alto que tuvo que colocar en forma invertida porque no le daba la altura del techo. Lo subieron por escalera hasta el décimo G contrafrente. Tardaron varios días y tuvieron que dormir en la cocina de la señorita Turdemialle. Los que estaban fastidiosos con todo este batifondo fueron los del consorcio, que les dieron el flete a los fleteros que -de puro comedidos- colgaron el mural con unos clavos que traspasaron la pared y se hizo una rajadura de arriba abajo, es decir desde la terraza a la puerta de entrada del edificio.
“A los artistas el arte nos trae artritis”, fue uno de los titulares en que mostraban a La Turdemiall -como empezaron a llamarla, sin la e final- arrastrando todos sus muebles a la calle para acomodar los últimos premios adquiridos:
Una cortina de hierro y miles de armas destruidas por el cuento “A la paz no hay con qué darle”.
Un gorila tamaño gorila (respirando y todo) dentro de una jaula.
En realidad esto último no fue producto de un premio sino una confabulación por parte de los cuidadores del zoológico que vieron a los animales entusiasmados leyendo el único cuento que se editó en vida de la señorita: “Zoológico para humanos”. Se armó una revolución de bichos y los peores de contener fueron los gorilas. Por ese motivo le enviaron uno que estaba hecho una fiera, con un cartelito colgado al cuello que decía: “si usted pregona la liberación animal, hágase cargo: más de mil bananas diarias”. A La Turdemiall le pareció una exageración, pero de todas maneras se hizo eco del asuntito y desde ese día hasta su fallecimiento se la vio recorriendo mercaditos y ferias callejeras para adquirir la cantidad de fruta necesaria y mantener calmado al único y verdadero amigo que le hizo dos favores: comió el lápiz que la señorita usaba para escribir y le cerró los ojos.
Hoy día cualquiera puede visitar la casa de la Turdemiall que, por decreto de no sé quién, es un museo para que la posteridad se entere de lo que no se percataron sus contemporáneos: que allí vivió esquivando premios una artista.
Para el que quiera visitar el lugar, un dato: el municipio mandó a hacer un cartel indicador que costó fortunas, tiene una flechita indicando hacia arriba (¿será porque está en el cielo?) y su apellido escrito “Toursdemiá”. Que disculpe el error de imprenta quien en vida fuera incomprendida y póstumamente se la ha calificado como “la señorita que le florecían premios de las manos”.
Sin aspiraciones de poeta concluyo, que algún premio vuele a su sacra tumba olvidada.
PRIMERA ENTREGA: “A los artistas el arte nos trae artritis”
La señorita Turdemialle vivía en un pequeño departamento y escribir era su entretenimiento.
Todas sus amigas, cuando venían a tomar el té con leche, dedicaban un tiempo de su apretado ocio y escuchaban alguna de las historias escritas por la señorita Turdemialle.
– ¡Qué creatividad exuberante!
– ¡Tu cabeza encierra una mina de oro!
Fueron algunas de las frases que convencieron a la talentosa señorita a dejar de lado el pudor y participar en cuanto concurso literario se le presentó.
– Buenos días -dijo un día uno- soy de editorial Libros Pedantes no son los de Antes, le informo que organizamos un concurso bianual sobre la valoración de las antigüedades.
Esa noche la señorita Turdemialle escribió un emocionante cuento sobre la cristalería de su abuelita. Como era de esperar -menos por sus amigas- se ganó una mención honorífica que le llegó por correo certificado, pago contra reembolso. Cuando abrió la encomienda se emocionó ante una colección antiquísima de enciclopedias, con importantes términos que ya no se usaban y las pesadas tapas conservaban el polvo dándole ese invalorable toque naturalista. La señorita Turdemialle se sintió feliz como “chico con zapato nuevo” (en este caso usado). Sólo una pequeña duda la invadió cuando tuvo que regalar a la Biblioteca Popular sus novísimos libros, porque no entraban en su angosta estantería.
El segundo concurso lo leyó en un afiche colgado en una casa naturista. “Cuidemos el medio ambiente” era el lema en esa ocasión y ahí nomás, entre cereales y helados dietéticos, se inspiró y meta metáfora y rima una poesía escribió. Qué susto se llevó cuando le anunciaron por teléfono que había ganado. El primer premio consistía en una escultura de bronce representando un árbol perenne (es decir con hojas y todo), al que por un artilugio técnico, si lo enchufaba con un cable que le salía del tronco, en verano daba frutos bronceados.
A la señorita Turdemialle a partir de ese hecho no paraba de sonarle el teléfono, ya sea para felicitarla por el premio o -los envidiosos de siempre- para expresarle su desaprobación porque tiró todas las macetas florecidas por el balcón. Aunque trataba de explicar que tuvo que hacerlo para darle un espacio digno a su premio, hay gente que no entiende. Ese día se dio cuenta de su esencia de artista: “todos cargamos la mochila de la incomprensión”, se lo dijo al reportero que la reportó del diario en cuanto pudo.
Esa frase la consagró a formar parte de un limitadísimo Club de Intelectuales, gracias a lo cual recibía a diario las novedades de los concursos que se realizaban desde Zaldungaray a París, desde Daireaux a Nueva York. No le alcanzaba el tiempo para leer las bases, que detallaban de pe a pa las instrucciones para participar. Paso a dar unos someros ejemplos:
“Puede participar cualquier persona que sea mayor de edad, aunque no tanto porque debe estar viva en el momento que se dictamine el fallo dentro de diez años”.
“Los trabajos se reciben desde el día 12 hasta el 13 del presente mes, a las 0 horas. No se tendrá en cuenta fecha de matasellos de correo”.
Comprendió que si continuaba leyendo instructivos iba a perder su halo inventivo. Así se decidió por un concurso que fue fácil escribirlo, porque había que motivarse en los colores y sus matices. La señorita Turdemialle se colocó frente al espejo y observando su maquillaje escribió un cuento que los más ásperos críticos internacionales coincidieron en afirmar: “estamos frente a la literatura del futuro: beyond the absurdity”; libremente traducido al castellano: “arriba con los zurdos”. Lo que sonaba lógico porque ella escribía con la mano izquierda.
El sumun de la absurdidad todavía no estaba escrito en las páginas de la literatura, sino que lo llevarían a cabo en vivo y en directo unos chambones que le trajeron el premio: un mural de 2 por 5 metros de alto que tuvo que colocar en forma invertida porque no le daba la altura del techo. Lo subieron por escalera hasta el décimo G contrafrente. Tardaron varios días y tuvieron que dormir en la cocina de la señorita Turdemialle. Los que estaban fastidiosos con todo este batifondo fueron los del consorcio, que les dieron el flete a los fleteros que -de puro comedidos- colgaron el mural con unos clavos que traspasaron la pared y se hizo una rajadura de arriba abajo, es decir desde la terraza a la puerta de entrada del edificio.
“A los artistas el arte nos trae artritis”, fue uno de los titulares en que mostraban a La Turdemiall -como empezaron a llamarla, sin la e final- arrastrando todos sus muebles a la calle para acomodar los últimos premios adquiridos:
Una cortina de hierro y miles de armas destruidas por el cuento “A la paz no hay con qué darle”.
Un gorila tamaño gorila (respirando y todo) dentro de una jaula.
En realidad esto último no fue producto de un premio sino una confabulación por parte de los cuidadores del zoológico que vieron a los animales entusiasmados leyendo el único cuento que se editó en vida de la señorita: “Zoológico para humanos”. Se armó una revolución de bichos y los peores de contener fueron los gorilas. Por ese motivo le enviaron uno que estaba hecho una fiera, con un cartelito colgado al cuello que decía: “si usted pregona la liberación animal, hágase cargo: más de mil bananas diarias”. A La Turdemiall le pareció una exageración, pero de todas maneras se hizo eco del asuntito y desde ese día hasta su fallecimiento se la vio recorriendo mercaditos y ferias callejeras para adquirir la cantidad de fruta necesaria y mantener calmado al único y verdadero amigo que le hizo dos favores: comió el lápiz que la señorita usaba para escribir y le cerró los ojos.
Hoy día cualquiera puede visitar la casa de la Turdemiall que, por decreto de no sé quién, es un museo para que la posteridad se entere de lo que no se percataron sus contemporáneos: que allí vivió esquivando premios una artista.
Para el que quiera visitar el lugar, un dato: el municipio mandó a hacer un cartel indicador que costó fortunas, tiene una flechita indicando hacia arriba (¿será porque está en el cielo?) y su apellido escrito “Toursdemiá”. Que disculpe el error de imprenta quien en vida fuera incomprendida y póstumamente se la ha calificado como “la señorita que le florecían premios de las manos”.
Sin aspiraciones de poeta concluyo, que algún premio vuele a su sacra tumba olvidada.
martes, 22 de septiembre de 2009
¡FELIZ CUMPLEMES!
ESTOY SOPLANDO LAS VELITAS JUNTO A DROME, VILMA, EL ZORRITO, LAS MELLIZAS, EL TEMIBLE, SCOTT, SERAFINA...¡TODOS LOS HABITANTES DE ESTE MUNDO VIRTUALMENTE REAL!
Y QUEREMOS AGRADECERLES PORQUE EXISTIMOS GRACIAS A USTEDES QUE NOS VISITAN, ESCUCHAN NUESTRAS HISTORIAS, NOS HACEN HERMOSOS RETRATOS, DEDICAN SU TIEMPO PARA DEJAR COMENTARIOS, ESCRIBEN AL CORREO, QUIEREN NUESTRA PRESENCIA EN LAS AULAS, EN GRUPOS DE TEATRO, SE DAN UNA VUELTITA TODOS LOS DÍAS A VER SI HAY ALGO NUEVO.
¡A TODOS MUCHAS GRACIAS, LOS SEGUIMOS ESPERANDO Y QUE SE ACERQUEN NUEVOS AMIGOS!
UN ABRAZO
TIHADA Y TODAS LAS PERSONITAS-PERSONAJES.
- ESPEREN, AQUÍ ESTOY YO EL ZORRITO, HAY ALGO QUE TIHADA SE OLVIDÓ, EJEM, QUE SU VARITA MÁGICA HACE ESTO Y AQUELLO, PERO NO ENTIENDE NI PAPA DE LOS BLOGS. NOS METIÓ ACÁ ADENTRO Y GRACIAS A DOS PIBES JUAN MARTÍN Y JUAN IGNACIO Y A OTRO (NO TAN PIBE) LLAMADO ERNESTO, TODAVÍA SEGUIMOS EN CARRERA.
AHORA SÍ, A COMER TORTA VIRTUAL ¿QUÉ GUSTO TENDRÁ? ¡QUÉ MUNDO ESTE! LES DIGO LA VERDAD, PREFERÍA LA SELVA.
CHAU!!!
Y QUEREMOS AGRADECERLES PORQUE EXISTIMOS GRACIAS A USTEDES QUE NOS VISITAN, ESCUCHAN NUESTRAS HISTORIAS, NOS HACEN HERMOSOS RETRATOS, DEDICAN SU TIEMPO PARA DEJAR COMENTARIOS, ESCRIBEN AL CORREO, QUIEREN NUESTRA PRESENCIA EN LAS AULAS, EN GRUPOS DE TEATRO, SE DAN UNA VUELTITA TODOS LOS DÍAS A VER SI HAY ALGO NUEVO.
¡A TODOS MUCHAS GRACIAS, LOS SEGUIMOS ESPERANDO Y QUE SE ACERQUEN NUEVOS AMIGOS!
UN ABRAZO
TIHADA Y TODAS LAS PERSONITAS-PERSONAJES.
- ESPEREN, AQUÍ ESTOY YO EL ZORRITO, HAY ALGO QUE TIHADA SE OLVIDÓ, EJEM, QUE SU VARITA MÁGICA HACE ESTO Y AQUELLO, PERO NO ENTIENDE NI PAPA DE LOS BLOGS. NOS METIÓ ACÁ ADENTRO Y GRACIAS A DOS PIBES JUAN MARTÍN Y JUAN IGNACIO Y A OTRO (NO TAN PIBE) LLAMADO ERNESTO, TODAVÍA SEGUIMOS EN CARRERA.
AHORA SÍ, A COMER TORTA VIRTUAL ¿QUÉ GUSTO TENDRÁ? ¡QUÉ MUNDO ESTE! LES DIGO LA VERDAD, PREFERÍA LA SELVA.
CHAU!!!
lunes, 21 de septiembre de 2009
¡ESTÁN TODOS INVITADOS!
Esto me contó Graciela que hace muchos años hace cosas con y por los pibes desde la escuela, el teatro, organizando ferias de libros...¡Gracias por compartir la información! ¿Quieren saber de qué se trata? ¡A leer más!
Hoy, en el Galpón en 18 y 71 con la Rimbombante Muñecoteca, de 16 a 20 hs, una muestra de libros y muñecos. Habrá lecturas, intervenciones y canciones a cargo de Hugo Figueras.
Además, en La Grieta, estamos todos los viernes de 16 a 20 hs en el vagonbulantero bibliofabulero y la sala de lectura del galpón donde pueden acercarse a leer todos los gustosos de la literatura infantil y juvenil, desde los 0 a los 99 años...
Hoy, en el Galpón en 18 y 71 con la Rimbombante Muñecoteca, de 16 a 20 hs, una muestra de libros y muñecos. Habrá lecturas, intervenciones y canciones a cargo de Hugo Figueras.
Además, en La Grieta, estamos todos los viernes de 16 a 20 hs en el vagonbulantero bibliofabulero y la sala de lectura del galpón donde pueden acercarse a leer todos los gustosos de la literatura infantil y juvenil, desde los 0 a los 99 años...
ORÁCULO DE PÉTALOS.(TENDRÁS QUE HALLAR QUÉ MISTERIOS OCULTA ESTA PRIMAVERA PARA VOS)
¡FELIZ PRIMAVERA A TODOS AQUELLOS QUE ENAMORADOS DE LA VIDA DESHOJAN FLORES CUAL ORÁCULOS DEL AMOR!
Se alarga la tarde
la abuela sentencia
llevá la campera
que va a refrescar
El grupo las risas
la vuelta del perro
qué dicha esperar
sentada en la plaza
si pasa o no pasará
La vida es presente
manifestación pura
belleza de amor
Siento tanta vida
en aquella plaza
Anochece y pregunto
oráculo de pétalos
¿pasa o no pasará?
Roja olvidadiza
tan primaveral
la vida es una pregunta
pasa o no pasará.
Se alarga la tarde
la abuela sentencia
llevá la campera
que va a refrescar
El grupo las risas
la vuelta del perro
qué dicha esperar
sentada en la plaza
si pasa o no pasará
La vida es presente
manifestación pura
belleza de amor
Siento tanta vida
en aquella plaza
Anochece y pregunto
oráculo de pétalos
¿pasa o no pasará?
Roja olvidadiza
tan primaveral
la vida es una pregunta
pasa o no pasará.
domingo, 20 de septiembre de 2009
HACE UNOS DÍAS INVITÉ A MULTIPLICAR. ESTA ES UNA PRUEBA DE LO QUE SE PUEDE LOGRAR
HOY TENEMOS VISITA
LES PRESENTO A:
ILUSTRADOR: PABLO GP
¿LES CUENTO CÓMO NACIÓ POLLITO, EL TEMIBLE?
A principios de Mayo, el dibujante y profesor Carlos Pinto me contó de un proyecto que estaban realizando los profesores de LV3 (Lenguaje Visual ) de la Facultad de Bellas Artes.
LES PRESENTO A:
ILUSTRADOR: PABLO GP¿LES CUENTO CÓMO NACIÓ POLLITO, EL TEMIBLE?
A principios de Mayo, el dibujante y profesor Carlos Pinto me contó de un proyecto que estaban realizando los profesores de LV3 (Lenguaje Visual ) de la Facultad de Bellas Artes.
¿En qué consistía?, los alumnos tenían que ilustrar textos de diferentes autores y realizar los libros que serían donados a la fundación "Creando Lazos".
Desde el principio me pareció un estupendo proyecto. Conectó a ilustradores, escritores y destinatarios (en este caso los chicos y padres de la fundación).
¡HOY LOS LIBROS ESTÁN LISTOS PARA DISFRUTARLOS! Y RECIBÍ LA GRATA SORPRESA QUE UNO DE MIS CUENTOS "EL TEMIBLE" (pueden leerlo en este blog) LO ILUSTRÓ PABLO.
¡GRACIAS A TODOS LOS INTEGRANTES DE LA CÁTEDRA DE LV3, PROFESORES Y ALUMNOS!
¡GRACIAS A CARLOS PINTO QUE ME INVITÓ A PARTICIPAR!
¡GRACIAS A PABLO PORQUE EL TEMIBLE TENÍA MUCHAS GANAS DE TENER ROSTRO! ¡Y ADEMÁS ES MI PRIMER CUENTO ILUSTRADO!
¡DESDE AQUÍ LEVANTO LA VARITA MÁGICA PARA QUE SE MATERIALICEN MUCHOS PROYECTOS COMO ESTE!
viernes, 18 de septiembre de 2009
SENSACIONES VIAJERAS
Vilma acompañó a su paciente hasta la puerta. Al despedirse le dijo:
– ¡Qué extraño, hoy siento que algo he perdido!
La señora Melba era muy práctica, no hacía caso a esta clase de comentarios y se despidió apurada para llegar a freír las milanesas.
Vilma regresó alegre a su consultorio, hizo pasar a don Ernesto, un antiguo paciente que se rascaba la oreja con insistencia.
Melba se tomó el último taxi que había en la parada aquella tardecita lluviosa. El joven taxista no habló en todo el viaje abstraído por un pensamiento que le rondaba en la cabeza “llego a casa, tiro los zapatos, me pongo a escuchar música y basta de trabajar por hoy”. Melba, en cambio, estaba preocupada pensando que algo se había olvidado en el consultorio de la doctora Vilma. Revisó la cartera y tenía la receta, el dinero, los documentos, las llaves…sin embargo sentía que algo le faltaba.
– 3.223, llegamos señora.
El muchacho que manejaba el taxi volvió a la parada porque estaba seguro que se había olvidado algo. Melba abrió la puerta y fue decidida al equipo de música y encontró lo que deseaba ¡rock, rock y más rock! Lanzó los zapatos al aire y se puso a bailar desenfrenada con el sonido a todo volumen. El señor Méndez escuchó la música desde el auto y pensó en lo rápido que le iba a sacar esa loca costumbre a su hija quinceañera, pero tal fue la sorpresa al ver a su mujer saltando en el sillón que no pudo decir ni buenas noches.
Pili, la hija de uñas de diez colores, ni se enteró que esa noche nadie cenó. Estaba tan enamorada de E, después que él le guiñó el ojo por segunda vez en la semana, que no comía por suspirar.
– ¡Mamá qué te pasa! –gritaba Julio que llegó muy nervioso del partido de básquet porque su equipo quedó fuera del campeonato intercolegial– ¡Y las milanesas! ¡quiero comer ya! –gritaba el pequeño tirano, pero por primera vez nadie le dio importancia.
Julio se fue muy enojado a dormir, pero cuando pasó al lado de Pili el muy pícaro con algo se quedó.
Amanecía cuando Melba se desplomó en el sillón de tanto bailar. Su marido le dio un beso en la mejilla antes de irse al trabajo y, sin querer, algo le sacó.
Julio y Pili llegaron a la escuela como todos los días. Nadie habría notado nada extraño si no hubiera sido porque Flavia, una compañera de Julio, pasó a su lado y él sintió que estaba locamente enamorado.
– ¡Ayer me diste un beso que todavía tengo grabado! –le gritaba a la inocente Flavia que, para escapar de los abrazos de Julio, se escondió debajo del escritorio de la señora Directora.
En cambio Pili, enojada como estaba, no dudó en darle una cachetada al querido E cuando él muy romántico le dijo:
– Mi amor te compré este chocolate para vos.
La Directora, una señora anciana, llamó a los alumnos Méndez para averiguar la causa de semejante descontrol. Se sentó en medio de los dos y… ¡a uno de ellos algo le hurtó!
Por su parte Melba se levantó preocupada y llamó a la Doctora Vilma. Este fue el mensaje que le dejó en el contestador:
– ¡Preciso turno urgente, tuve un ataque danzarín, mi cuerpo se sintió joven y feliz!
Vilma no la escuchó porque ese día todos los turnos suspendió. Las manos no le alcanzaban para rascarse una insoportable picazón en la oreja que no entendía porqué se la agarró.
Hasta aquí cuento esta historia sinfin porque rin rin rin tocó el timbre e iré a ver qué sensación viene a visitarme a mí.
– ¡Qué extraño, hoy siento que algo he perdido!
La señora Melba era muy práctica, no hacía caso a esta clase de comentarios y se despidió apurada para llegar a freír las milanesas.
Vilma regresó alegre a su consultorio, hizo pasar a don Ernesto, un antiguo paciente que se rascaba la oreja con insistencia.
Melba se tomó el último taxi que había en la parada aquella tardecita lluviosa. El joven taxista no habló en todo el viaje abstraído por un pensamiento que le rondaba en la cabeza “llego a casa, tiro los zapatos, me pongo a escuchar música y basta de trabajar por hoy”. Melba, en cambio, estaba preocupada pensando que algo se había olvidado en el consultorio de la doctora Vilma. Revisó la cartera y tenía la receta, el dinero, los documentos, las llaves…sin embargo sentía que algo le faltaba.
– 3.223, llegamos señora.
El muchacho que manejaba el taxi volvió a la parada porque estaba seguro que se había olvidado algo. Melba abrió la puerta y fue decidida al equipo de música y encontró lo que deseaba ¡rock, rock y más rock! Lanzó los zapatos al aire y se puso a bailar desenfrenada con el sonido a todo volumen. El señor Méndez escuchó la música desde el auto y pensó en lo rápido que le iba a sacar esa loca costumbre a su hija quinceañera, pero tal fue la sorpresa al ver a su mujer saltando en el sillón que no pudo decir ni buenas noches.
Pili, la hija de uñas de diez colores, ni se enteró que esa noche nadie cenó. Estaba tan enamorada de E, después que él le guiñó el ojo por segunda vez en la semana, que no comía por suspirar.
– ¡Mamá qué te pasa! –gritaba Julio que llegó muy nervioso del partido de básquet porque su equipo quedó fuera del campeonato intercolegial– ¡Y las milanesas! ¡quiero comer ya! –gritaba el pequeño tirano, pero por primera vez nadie le dio importancia.
Julio se fue muy enojado a dormir, pero cuando pasó al lado de Pili el muy pícaro con algo se quedó.
Amanecía cuando Melba se desplomó en el sillón de tanto bailar. Su marido le dio un beso en la mejilla antes de irse al trabajo y, sin querer, algo le sacó.
Julio y Pili llegaron a la escuela como todos los días. Nadie habría notado nada extraño si no hubiera sido porque Flavia, una compañera de Julio, pasó a su lado y él sintió que estaba locamente enamorado.
– ¡Ayer me diste un beso que todavía tengo grabado! –le gritaba a la inocente Flavia que, para escapar de los abrazos de Julio, se escondió debajo del escritorio de la señora Directora.
En cambio Pili, enojada como estaba, no dudó en darle una cachetada al querido E cuando él muy romántico le dijo:
– Mi amor te compré este chocolate para vos.
La Directora, una señora anciana, llamó a los alumnos Méndez para averiguar la causa de semejante descontrol. Se sentó en medio de los dos y… ¡a uno de ellos algo le hurtó!
Por su parte Melba se levantó preocupada y llamó a la Doctora Vilma. Este fue el mensaje que le dejó en el contestador:
– ¡Preciso turno urgente, tuve un ataque danzarín, mi cuerpo se sintió joven y feliz!
Vilma no la escuchó porque ese día todos los turnos suspendió. Las manos no le alcanzaban para rascarse una insoportable picazón en la oreja que no entendía porqué se la agarró.
Hasta aquí cuento esta historia sinfin porque rin rin rin tocó el timbre e iré a ver qué sensación viene a visitarme a mí.
TENGO UNA CURIOSIDAD: ¿QUÉ HIZO EL RESPETABLE SEÑOR MÉNDEZ EN EL TRABAJO? ¿Y LA DIRECTORA CON QUÉ SENSACIÓN SE QUEDÓ? ¿QUÉ PASÓ CON EL TAXISTA Y TODOS LOS PASAJEROS QUE SUBIÓ? Y SI DON ERNESTO DEJÓ LA PICAZÓN, ¿A CAMBIO QUÉ SE LLEVÓ?
¡DALE CONTAMELO, SEGURO QUE VOS LO SABÉS MEJOR QUE YO!
TIHADA
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