La Fábrica de Cuentos es un programa de radio dedicado a la LIJ (Literatura Infantil y Juvenil) que Marídé Minor tiene en Radio Sofía, todos los viernes a las 19 horas. El pasado viernes 13 de junio tuve la alegría de participar en el programa leyendo uno de mis cuentos. Como estamos en pleno mundial y muchos ( especialmente los padres que, además, en Argentina se celebra su día) deben estar como el padre del cuento, elegí leer: "A rodar que todo rueda". El programa comienza con una entrevista a la querida escritora María Teresa Andruetto, que siempre nos entrega amables y esclarecedores conceptos. También reseñas de libros a cargo de Fabiana Margolis. ¡Todo un lujo! ¡Gracias Maridé! ¡Es un placer escuchar tu programa todos los viernes y participar especialmente en esta edición!
Si desean escuchar otros programas y seguir leyendo sobre novedades, entrevistas y diversos acontecimientos vinculados a la LIJ, visiten el blog La Fábrica de Cuentos. LA FÁBRICA DE CUENTOS Para seguir leyendo de padres y fútbol, les dejo una historia que alguna vez me contó papá. Un recuerdo y algunos nombres de su infancia que he dejado grabado para siempre en este cuento. Cuento: Como en el barrio Tal vez para eso escribo, para dar cuenta de la Eternidad de cada instante. ¡Gracias viejo por todas las historias que me regalaste!
A las mujeres que danzan, sufren, ríen, sangran y, a veces, todo al mismo tiempo
NOCHE DE CARNAVAL
11 de febrero. En el espejo del viejo ropero se reflejaba la imagen de una joven mujer, casi una niña, pelirroja, blanca y regordeta. Sus pecosas manos apretaban con fuerza los barrotes de la cabecera de la cama. Pujaba, sudaba, esperaba y volvía a pujar. El chirrido de la cama se perdía entre sus lamentos. Una morocha, bajita y morruda, entró a la habitación.
-Parece que ya es la hora, m’ hija -dijo mientras se lavaba las manos en una tina descolorida- llegué un poco tarde porque a la Celestina se le dio por parir también hoy. La mujer pelirroja no parecía escuchar sus explicaciones, sólo quería pujar y pujar. - Si no me apuro lo tenés sola, a mí ya ni me necesitás. Se arremangó la blusa y con decisión, casi bruscamente, abrió las piernas de la mujer. - Ahora sí, tomá aire y sacá como con bronca, pero poné la fuerza abajo m’ hijita, como vos sabés... eso, así, así... ¡ La que sos fuerte y eso que no sos india! La mujer sonrió, pero enseguida tuvo que apretar los labios obligada por una contracción. Después cerró los ojos y se tomó con más fuerza a los barrotes del respaldo que pedían a gritos piedad. Piedad, una palabra poco usual donde la vida es dura como los callos de los dedos que raspan la batea, como las miradas que reflejan sueños inconclusos transformados en angustia y rabia. Oscura rabia. - Ahí está -dijo tranquilamente la Tomasa- ya se ve la cabeza, lo demás es como pelar papas para vos. Afuera la música ensordecedora, el aire caliente, las cortas polleras, los minúsculos corpiños de tela brillosa y barata intentaban, a fuerza de baile y sudor, despertar al pueblo de una larga siesta. Sólo el carnaval parecía un buen motivo para seguir estando vivos. Un último esfuerzo. Nació. Tez blanca y cabello oscuro. - ¡Tiene pelos pinchudos! ¡Qué parados, che! ¡La sangre de tu marido puede! -y agregó como al pasar, mientras cortaba el cordón- es mujer. Esas palabras recorrieron los vientres que hacían movimientos rápidos, circulares e insinuantes. Bailaban con la fuerza de quien quiere desprenderse del pasado, las escobas y los mocos de sus hijos. Bailaban como si alguien les hubiese prometido algún milagro si sudaban bastante o lo hacían para sentirse (aunque sólo fuera por aquellos días) el centro de atracción. Recorrían las calles haciendo alarde de sus fornidos muslos y cuando pasaban ante el jurado desplegaban toda la gracia y energía que tenían para lograr un momento de felicidad con el Premio Mayor que les iba a alcanzar para pagar las lentejuelas, la tafeta y las alpargatas compradas en oferta. Afuera el baile, adentro el dolor y la sangre. La roja sangre que caía sobre una toalla percudida y una sábana vieja, desteñida y mil veces zurcida. En la palangana la Tomasa tiró todo lo que sobraba y preguntó: - ¿Ya está el agua? Entonces entró otra mujer, tan joven como la parturienta, pero flaca -casi desnutrida- a la que le llamaron Juana. Cargaba una olla con agua caliente, demasiado grande para su esmirriado cuerpo. Volcó agua sobre un fuentón, metió su brazo, hizo un gesto de desaprobación y agregó agua fría. Sumergió a la niña en el agua. La pequeña gritó, gritó y gritó... era lo único que sabía hacer, único signo de estar viva. La comadrona sacó a la recién nacida de la habitación y se la entregó a un hombre delgado y morocho que fumaba un toscano. -Tomá, es mujer. No hubo felicitaciones, ni luces rosas. Sólo eso, un “es mujer” que chocó contra las paredes asentadas en barro cocido, recorrió el corredor y se repitió en las escobas de las vecinas, en las tetas de las madres de leche, en el hilo de coser y en las vaginas de las quinceañeras que ya habían parido más de una vez. Afuera no permitieron que ese sórdido anuncio penetrara los oídos. El nacimiento de una mujer ocurría todos los días en el barrio, en cambio la música del corso una vez al año. Sacudían las maracas con impulso feroz hasta provocar chispas y quemar sus cuerpos junto al Rey Momo. Ahuyentaban con humareda el sufrimiento. Había que bailar en la comparsa o tan solo ponerse una careta, pero de alguna manera lograr ser otros. Los hombres tirando de los carros y las mujeres cargando con los chicos. Las viejas arrastrando las várices en las últimas vueltas, pero abandonar jamás, era una cuestión de honor quedarse hasta que dejara de alumbrar el último foco de color. El padre se acercó con la hija en brazos hasta la bomba donde la abuela sacaba agua. “Es mujer”, dijo y su voz sonó a lamento. Ella lo miró sin dejar de bombear . -¿Cómo le va a poner? - Doña Tomasa quería ponerle Divina, pero la madre no quiere, ¡ya veo que es una muchacha horrible y eso de Divina va ser para la risa de todos! Le gustó el nombre que se le ocurrió a Juana. Aquella calurosa noche de febrero, llegó sin pan bajo el brazo y con una boca que quitaría a otros el pan. Las luces del corso la iluminaron y le dieron su nombre. Luz.
El cuento salió acalorado desde Argentina llegó a las frías temperaturas de España y... Aaatchís!!! Pilar escuchó el estornudo y lo hizo pasar, sus manos lo cuidaron dándole forma y color ya repuesto y contento con su nuevo aspecto salió a recorrer otros lugares Una tarde conoció a Ana ella lo filmó y hasta un libro le dedicó Hoy regresó a Argentina no lo reconocí de tan lindo que quedó me dí cuenta que era él cuando dijo: Aaatchis!!!
A unos días de la Navidad comparto con ustedes el cuento "Los Cambios de Papá Noel" leído en la radio por María Frascara ¡Gracias María!
Y a ustedes mis palabras
Sumergís tu tiempo corrido en la lentitud de las historias entrando en el corredor de mis fantasías que recrean las tuyas y vienen y van procreando nuevas sensaciones
Palabras jazmines palabras espadas danzando en la mente saltando a la hoja liberadas por la llave de tu inconciente y el mío perdonadas del entierro permanecen vivas en la emoción la risa la escucha la repetición y finalmente transformadas
Vos dando sentido sentido y voz a lo que escribo
¡Gracias a todos/as por la cercanía!
¡Bendiciones en esta Navidad y que el 2012 sea un año de transformaciones que nos permitan liberar el Ser; y en completo estado de salud compartamos nuestros dones y recibamos con gratitud los dones de los otros! Que así sea.
Unidos en el Universo reciban mi abrazo Tihada/Ana Gracia
Me encanta ir a contar cuentos a la Sala Amarilla de Sandra Luz. Esta vez tenía que contar una historia que rodara, ¿se imaginan sobre qué...?
SANDRA preparó la clase en su blog con mucho entusiamo, eligiendo imágenes, música, actividades relacionadas con el tema y muchas ideas para hacer el vídeo.
Los invitamos a mirar y, aquellos que lo quieran compartir, nos encantaría saber cómo fue la experiencia. Gracias!
Por esta época mi papá toma actitudes extrañas, pero en casa ya nos hemos acostumbrado. Papá va al mercado y trae una bolsa llena de uvas, limones, manzanas, papas, cebollas… Mamá dice: – ¡No trajiste nada de lo que te pedí! ¿Y las bananas, la lechuga, el perejil, las zanahorias…? – No sé -dice papá mientras da cabezazos a los limones y los acomoda en la frutera o emboca de taquito las cebollas en el canasto de las verduras. Lo bueno es que mamá no tiene que pensar qué comida preparar, porque papá almuerza todos los días albóndigas con papas noiset y los mates los acompaña con unos buñuelos riquísimos que prepara la abuela o compra berlinesas en la panadería. Cuando vamos al kiosco pide caramelos media hora, ¡y más vale que tengan, porque sino nos tenemos que recorrer la ciudad buscando caramelos redonditos! A mamá con el correr de los días se le empieza a inflar la cara como un globo que está a punto de reventar y papá no se da cuenta que es porque está cansada con esta historia de que todo en su vida tiene que tener forma de pelota. Hasta los mimos de papá cambian. – Ay qué lindos cachetitos redonditos, parecen una… – ¡Ya sé una pelota! –dice enfadada mami. – ¿Cómo te diste cuenta que iba a decir eso? -pregunta papi poniendo cara de sorpresa. Mamá se muerde los labios y dice “aaammm”. Papá la abraza: – ¡Venga para acá mi media pelota! – ¡Tu media naranja! –lo corrige mamá. Él acepta gustoso la corrección porque las naranjas también ruedan. Lo que se pone complicado por esta época es que papá nos ayude -a mí y a mi hermanito- a hacer los deberes. A Martín le enseña las letras así: – La P es un palito con pelota, la Q es una pelota con palito, la D es media pelota y la reina de las letras es la O ¡porque es una pelota perfecta!-dice entusiasmado papá. El resto del abecedario no se lo enseñó y con los números pasó lo mismo, le mostró el 6, el 8, el 9 y por supuesto el 0. Todo esto sucedía con cierta naturalidad en casa, hasta la tarde que llegué de la escuela preocupada porque no había entendido nada de un tema que la seño nos dio. Dejé la mochila y dije: – ¡Hoy tengo que saber cuáles son los parientes de las palabras! – ¿Qué? –dijo mamá con gesto de entender menos que yo, y eso que ella es grande. Después de mirar el cuaderno y llamar por teléfono a un compañerito, mamá entendió qué tenía que hacer y se lo explicó a papá para que me lo enseñara a mí, porque ella se iba a gimnasia acuática. Cuando nos quedamos solos con papi hicimos tranquilos la tarea. – Vamos a escribir la familia de la palabra pelota: pelotita, pelotero, pelotazo… Y así seguimos con flechitas pintadas con fibras de colores que unían a los familiares entre sí. La tarea estaba terminada pero papá se inspiró en la palabra gol y emocionado decía “gol, goleada, golazo, goleador, Ma… Maradona…” ¡Y una lista de goleadores que ocupó como diez renglones! Yo guardé el cuaderno en la mochila, pero cuando vino mamá antes de cenar quiso ver lo que habíamos hecho. – ¡Qué es esto!, ¡qué es esto! –gritaba. – ¿Qué pasa querida?, ni que hubiéramos hecho un gol en contra –dijo chistoso papá. Intenté explicarle a mami: – Escribimos sobre la familia de … – ¿Familia? ¡Qué familia tengo yo! -decía mamá mientras borraba con tanta fuerza que desintegró la goma e hizo un agujero en la hoja. – Con lo lindo que había quedado -se lamentó papá espiando por el agujero- lo único bueno que el orificio es redondo como si lo hubiera traspasado… – ¡Una pelota! –dijimos a coro con mi hermanito. Mamá después de este episodio hizo una reunión familiar (de humanos no de palabras) y dijo: – Si esto sigue así, hasta que pase el mundial me voy a vivir a una casilla rodante. Terminó de decir la frase y al ver la cara de felicidad de papi se dio cuenta del error. – ¡Magnífica idea! –gritaba papá mientras daba vueltas carnero y como un bicho bolita recorría el comedor- ¡toda la familia nos vamos a vivir a una casita que rueda! Y así lo hicimos. Hasta que termine el mundial de fútbol en casa todos vivimos sobre ruedas redondas que ruedan como una pelota y, por lo que veo por la ventanilla durante los entretiempos, todo el mundo anda sobre pelotas que ruedan redondas como ruedas de una casilla rodante.
"...hoy se nos antoja esta locura, esta pasión... hoy, que todo va a cambiar hoy, hay que hacer algo..." Sebastián Monk
Se acercan los festejos por el BICENTENARIO DEL 25 DE MAYO. SANDRA LUZ siempre está dispuesta a trabajar en un Intecambio Creativo y especialmente en esta ocasión. ¡Gracias SANDRA porque tus ganas de hacer cosas contagian! Los invito a visitar su blog http://salaamarilla2009.blogspot.com/ que salió finalista para el premio Edublogs representando a Argentina porque es el único blog nominado en su categoría ¡Felicitaciones Sandra por ese merecido reconocimiento!
La señorita Vero nos contó que el 25 de Mayo festejamos que se formó el Primer Gobierno Patrio. Nos dijo muchas cosas sobre cómo vivía la gente de esa época. Y Javier dijo: – Mi abuelo sabe porque había nacido – ¡Ya cumplió 200 años! –dijo la seño asombrada. – Pero no, mirá que va a ser tan viejo, no es Papá Noel. Y todos nos reímos. La seño también y después nos dijo: – Este año recordamos el bicentenario, es decir dos veces cien, que es lo mismo que decir… – ¡Doscientos!- gritó Ezequiel que siempre sabe. Después la señorita preguntó quiénes querían actuar y todos gritamos: – ¡Yo, yo, yo! La maestra se escondió detrás del escritorio -eso hace cuando gritamos- y hasta que no hicimos silencio no apareció.
Acá viene el hada que sólo aparece si no escucha nada.
La señorita puso muchos papelitos en un sombrero grandote. – Una galera como esta usaban los señores de aquella época -nos contó. –¡Es como la que usan los magos para sacar conejos! –dijo Javier que siempre hace reír a la seño… y a mí también. De la galera sacamos los papelitos, en algunos se leía negritos, en otros damas y caballeros. La seño puso en cada rincón del salón unas bolsas con ropa para que nos vistiéramos del personaje que nos tocó. Yo fui corriendo a la bolsa que decía damas y me puse una pollera larga y en la cabeza un peine de esos que se usan para sacar los piojitos, pero gigante, con unas puntas largas. Me imaginé que si le daba cuerda salía volando con semejante aparato en mi cabeza. La maestra dijo que se llamaba peinetón, y que había de diferentes tamaños, ¡que podían llegar a ser tan grandes como un televisor! A los que hacían de negritos la seño los pintó con un corcho quemado, ¡todos queríamos que nos pintara! –¡A mí, a mí, no a mí, a mí! Pero la maestra nos explicó que las damas y los caballeros eran blancos y ocupaban los lugares más importantes en el gobierno. Después corrimos las mesas y las sillas para representar lo que nos decía la seño: – Estamos en 1810, caminando por calles de tierra, pasa una carreta tirada por caballos… – ¿A dónde? -preguntó Javier y se asomó a la ventana. – ¡No nene, estamos jugando! -le gritó Pamela que le gusta mandar. La seño continuó: Los negritos son vendedores ambulantes y van a cantar junto conmigo: –”Aguaterooo, agüita fresca siempre llevooo” ¡Al final terminamos cantando todos porque nos gustaban los versitos! –¡Empanadas calientes para las viejitas sin dientes! Ese fue el que más me gustó, porque lo decíamos así, como si nos faltaran todos los dientes, ¡y a mí no me faltan todos, pero se me cayeron tres, cuatro…bah, unos cuantos! Después la señorita nos dijo que paseáramos tomados del brazo, así que yo fui corriendo y lo agarré de la mano a Javier. – No se puede, vos tenés que estar del brazo con Esteban –me tironeó Pamela. Y yo me enojé. – ¿Por qué? –le grité. – Porque Esteban es caballero y Javier es negrito – ¿Y eso qué tiene que ver? – ¡No escuchaste a la señorita que los negros eran esclavos, entonces no podían andar del brazo con las damas! – ¡Y a mí qué me importa!, ¡ahora sí pueden! Pensé que la maestra se iba a enojar, pero se puso a aplaudir. – Sí –dijo- gracias a muchos cambios y leyes todos los seres humanos sin importar su raza tenemos los mismos derechos. ¡Sos una adelantada para la época Rosana! Parece que hoy en este salón se está produciendo una revolución. ¡Yo estoy de acuerdo!, ¿ustedes? – ¡Sí! –dijimos a coro. Y yo lo pasé muy bien toda la tarde paseando con Javier, echándome viento con un abanico y pintándome la cara con corcho quemado.