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jueves, 15 de septiembre de 2011

Viene Acompañada

Llegó sin aviso y se congeló la acción cotidiana, el devenir previsible de los días se quedó sin respiración. El grito la anunció. A su determinación no le importa el pasado, los amores y desamores, si está la ropa doblada en la valija, ordenados los papeles o el turno en el dentista. Verla despojada de todo ornamento te hace ver superfluo los aretes de oro e impertinente la campera roja. El negro en su fiesta es lo requerido. Para asistir se revuelve los roperos buscando lo sobrio. Pasa, ráfaga y perpetua, te da sus matices y te mimetiza con grandes ojeras, la mirada para adentro y  piernas mecánicas deambulan.

Uno cree que ella con su presencia elocuente será el centro de cualquier reunión. Contra toda lógica viene acompañada por alguien que se atreve a dar zarpazos cerca, como si codearse con la tan temida fuera un acto de gran valentía. Es sucia, tiene olor a tinta, uñas afiladas, ágiles los dedos de examinar seguros, tarjetas, contratos. A la desalmada no le importa el llanto, escarba entre la ira o la locura, y engalana a su amiga -la tan despojada- con un saco a cuadros y recortes de diarios, le cuelga cintas, tarjetas y palmas. Qué bonita está con un maquillaje tan colorido y el perfume floral.

¿Dónde anda Consuelo, Alma, Encarnación? Quiero que se acerquen a reunirnos en círculos de fuego sagrado, en plegarias mudas y en cánticos de salmos elevarnos sobre los objetos y los cumplidos.
Ella es la verdadera  tirana. 
Quiero traspasar los umbrales invisibles, donde no hay ayer, mañana, ni hoy y dejar sin sentido a la Burocracia.


miércoles, 10 de noviembre de 2010

TRABAR Y DESTRABAR

Se apodera de la boca de los enamorados que, al besarse, un cosquilleo recorre el cuerpo de la mendiga que libera en un suspiro sus pesares; éstos se posan en el tapado azul de una dama y una tristeza indefinida en sus ojos se instala.
Si visita al maestro llega a los alumnos, y en sus cabecitas Roma se transforma en Amor. En el recreo se enreda en los cabellos de los niños de otras aulas que la convocan a parlotear y escurrirse entre la risa.
Si la retienen pinta roja la garganta, muy roja. A veces duele. Si la destraban se pasa, y al pasar de boca en boca multiplica las emociones: suaviza, confunde, encoleriza,aburre.
Ella, enlaza mundos o desenlaza.
Si se desata puede perder el rumbo.
Ella, la Mujer Palabra, si no la nombro gira en la saliva y agoniza.

domingo, 10 de octubre de 2010

DONCELLA DE LOS DESEOS

La Doncella ha traído, como cada año, sus deseos. Los desparrama entre la hierba y se pegan en la piel de quien pasee descalzo.
Con mis pies desnudos, hundidos en la tierra, acepté que la Doncella me envolviera y adornara con sus semillas. Me crecieron deseos en el cabello y las líneas de las manos. Para no desoír sus pedidos, los anoto en esta hoja y obligo al desánimo a rendirse ante la rebeldía de la vida manifestándose.
Abrirme como los brotes y ser hoja, fruto, flor.
Apoyar la cabeza en un tronco y dormir al sol hasta que asome la luna. Permanecer, como los árboles, inmóvil adorando a la creación desde las sales al cielo, adorar sólo adorar.
Cobijar el canto de los pájaros y sentir mi propio canto como una voz bendita que se eleva.
Olfatear, junto a los perros vagabundos, a la Doncella que ilumina las flores y los tarros de basura, que recorre el valle y la montaña. No desprecia lugar para nacer e iluminar.

Embadurnar mi boca roja boca de moras, manchar mis manos y la ropa.
Salpicar la somnolencia con agua de rosas.
Quemar la ira en el fuego suave del sol y salir airosa entre el verdor perenne de la juventud que se renueva cada vez que regresa la Primavera.
Cumpliré el pedido de la Doncella que me alienta y contagia con la danza serena de sus paisajes. La letra escrita y ustedes son mis testigos.
















sábado, 3 de julio de 2010

Cuentos que se cuentan

EXPRESO A LA REALIDAD
La espera era eterna, pero pronta a jubilarse la maestra había adquirido paciencia. Antes que el micro llegó un señor que le advirtió:
– Cuide la cartera señorita, hay muchos delincuentes por la zona, por eso ando de ronda, soy oficial de policía.
La mujer agradeció y vio retirarse al hombre en una bicicleta despintada, con un atadito con comida y ropa que apretaba en el asiento trasero.
Hizo señas al micro que frenó a centímetros de sus pies.
– Un boleto estudiantil -pidió.
El chofer la miró desconfiado a través del espejo retrovisor y expresó su bronca a los gritos:
– ¡Por quién me ha tomado! ¡Todavía que le hago el favor de subirla a mi Roll Royce!
La mujer, algo confundida por haber hecho dedo al conductor de semejante auto, se sentó al lado del único pasajero que le aclaró la situación:
– Vamos a no sé dónde y llegaremos en no sé qué tiempo.
Algunos observadores -pocos- que vieron pasar el vehículo leyeron el cartel que indicaba “Expreso a la Realidad”. Por ahí uno de estos días se lo toman y dejan de vivir en la mentira. El resto ni se enteró que existe un viaje semejante.






MONOS CON TERRAZATres mujeres sentadas en un parque a la sombra de un fresno esperan que el calor haga respirable los departamentos donde viven.
Se entretienen viendo pasar a otra gente que también ha llegado al parque corridos por el calor sofocante.
Un niño que va subido a un petiso y otro chico que camina delante del animal tirando de la correa. Las tres figuras, como escapadas de un pesebre viviente, dan una vuelta alrededor de la glorieta y pasan delante de las mujeres. La que está sentada a la derecha dice:
-¡Pobre niño, con este calor sus padres lo han puesto a dar vueltas en ese deteriorado petiso para liberarse un rato de él!


La mujer que está a la izquierda enseguida replica:
­– ¡Pobre pibe el que tira del petiso y debe entretener al niño por unas monedas!
En cambio, la que está en medio de las otras dos ha observado el desgano del cuadrúpedo.
– ¡Pobre animal -dice con euforia- haré una denuncia por maltrato!
Silencio. Las sombras de la noche que se avecina calma los posicionamientos y se retiran a sus mono ambientes con terraza, igualadas por sus mini espacios, regando cada una sus ideas que crecen en macetas.
En el próximo calor, acaloradas, expondrán sus pensamientos sobre otra cosa que se les cruce o se sentarán en esas calesitas que tienen un manubrio, son circulares y giran para cualquier lado.