Llegó sin aviso y se congeló la acción cotidiana, el devenir previsible de los días se quedó sin respiración. El grito la anunció. A su determinación no le importa el pasado, los amores y desamores, si está la ropa doblada en la valija, ordenados los papeles o el turno en el dentista. Verla despojada de todo ornamento te hace ver superfluo los aretes de oro e impertinente la campera roja. El negro en su fiesta es lo requerido. Para asistir se revuelve los roperos buscando lo sobrio. Pasa, ráfaga y perpetua, te da sus matices y te mimetiza con grandes ojeras, la mirada para adentro y piernas mecánicas deambulan.
Uno cree que ella con su presencia elocuente será el centro de cualquier reunión. Contra toda lógica viene acompañada por alguien que se atreve a dar zarpazos cerca, como si codearse con la tan temida fuera un acto de gran valentía. Es sucia, tiene olor a tinta, uñas afiladas, ágiles los dedos de examinar seguros, tarjetas, contratos. A la desalmada no le importa el llanto, escarba entre la ira o la locura, y engalana a su amiga -la tan despojada- con un saco a cuadros y recortes de diarios, le cuelga cintas, tarjetas y palmas. Qué bonita está con un maquillaje tan colorido y el perfume floral.
¿Dónde anda Consuelo, Alma, Encarnación? Quiero que se acerquen a reunirnos en círculos de fuego sagrado, en plegarias mudas y en cánticos de salmos elevarnos sobre los objetos y los cumplidos.
Ella es la verdadera tirana.
Quiero traspasar los umbrales invisibles, donde no hay ayer, mañana, ni hoy y dejar sin sentido a la Burocracia.
Ella es la verdadera tirana.
Quiero traspasar los umbrales invisibles, donde no hay ayer, mañana, ni hoy y dejar sin sentido a la Burocracia.