jueves, 11 de abril de 2013

A cada uno le llega ese momento

                                             (Hacé clic sobre la imagen para ampliarla)

Gracias Sandra por estos Intecambios Creativos!!!
Su blog:  Mi Sala Amarilla

martes, 9 de abril de 2013

Les presento a las tejedoras que el mundo adora...



Si sos docente, cuentacuentos, ilustrador, locutor...
si sos padre/madre, abuel@, tío/a...
si tenés ganas, porque sí, porque te gustó...
podés cumplir el pedido de este cuento:
Busco manos solidarias que al leerme, en cualquier lugar y situación, tejan (regalen, compartan...) bufandas, sacos, mantas...¡lo que sea!, para que el mundo esté más abrigadito....


La Bufanda Humanitaria

Las hermanas Pascualini, tejedoras como ellas ya no hay. Una derecha, la otra zurda, cada una con una aguja tejen el mismo saco y veinte gorros mientras esperan que hierva el agua para el té. Ellas son así: tejen a la par y si una empieza a hablar, la otra la idea la va a terminar.

– ¡Vení Torcuato…! -dice Eulalia.

–…a desovillar un rato -completa Flavia.

Y por la ventana aparece el ayudante, un gato especialista en ordenar la lana por color, meterla en los canastos, hacer trencitas con las uñas y la punta del bigote, ovillar con las patitas delanteras y desarmar un tejido con la patitas traseras.

– Se escapó un punto, necesito…

–…tu ayuda lindo gatito.

Y Torcuato ataja con la lengua a ese punto travieso que trae dolores de cabeza a muchas tejedoras que no tienen un gato experto en hallar puntos invisibles, saltarines, incorregibles y  colocarlos en el lugar del tejido del que se ha ido.

Las tejedoras Pascualini han ganado una merecida fama, por eso tienen mucha clientela. Les piden un tapado, una frazada o un sombrero alado y ellas tejen hasta cuando hacen los mandados.

Entre los clientes tienen uno especial, el señor Ledesma. Lo conocieron una mañana de invierno que llegó a lo de las tejedoras a encargar una bufanda amarilla y antes que él apoyara su bicicleta en el árbol  ya se la habían terminado.

– ¡Caramba, con qué rapidez hacen una bufanda! -dijo sorprendido el señor Ledesma. Desde ese día, todas las mañanas llegaba con su bicicleta, tocaba una campanita y llamaba:

– ¡Eulalia, Flavia, Torcuato, vengo por una bufanda!

A las hermanas Pascualini las intrigó la actitud de Ledesma y, mientras una manejaba con pericia la aguja derecha y la otra con destreza la aguja izquierda, Eulalia expresó una idea que Flavia concluyó:

– Para qué quiere tantas…

– bufandas

– si tiene un solo…

– cuello

– ¿Dónde las guarda o

–…las expone?

– ¡Tal vez es un…

– coleccionista de bufandas!

Hasta que un día, después de la bufanda 313, decidieron saber qué sucedía.

– Torcuato dejá de jugar con…

– el ratoncito Ñato.

– Preparate que esta noche…

– salimos a ver qué hace el señor Ledesma.

Torcuato por los techos y ellas en patineta persiguieron a Ledesma que salió en su bicicleta con la bufanda azul con rayas grises que le habían hecho esa mañana. Anduvieron muchas cuadras hasta llegar a un portón donde un hombre dormía en la vereda. Ledesma lanzó su bufanda que giró en el aire y se enroscó en el cuello del anciano.

– ¡Oh, el señor Ledesma es un amaestrador…

– de bufandas!

– ¡Expertas en detectar…

– desamparados!

– ¡El señor Ledesma es un especialista…

– en dar calor al mundo!

– ¡Un abrazador…

– de cuellos fríos!

Tan impactadas quedaron Flavia y Eulalia que esa noche tejieron la bufanda multicolor más  larga del mundo, cien cuadras dicen algunos, ¡otros opinan que mil! Torcuato y el ratón Ñato ayudaron con los bigotes, las colas y las patas.

Temprano, cuando Ledesma llegó a encargar una nueva bufanda, se encontró con Torcuato que de un salto se subió al manubrio y le entregó dobladita y con moño la Bufanda Humanitaria. Eulalia y Flavia lo saludaron desde la ventana, estaban felices porque sabían que desde ese día el mundo iba a estar más abrigadito.


Ana Gracia/Tihada

Y si no es mucho pedir, me encatará saber sobre la experiencia realizada 

Los invito al blog Cuaderno de Colores y las propuestas del Hada de los Cuentos para tratar la solidaridad con los niños 

sábado, 6 de abril de 2013

2 de abril - Día Internacional del Libro Infantil


Invasión de Letras

Herminia Solimando era bibliotecaria en la escuela número 13. Ella amaba los libros. Los amaba tanto que cada media hora los ordenaba. Cuando los acomodaba por autor,decía:
–¡Uh, esto no queda bien, uno alto pegadito a uno bajo, uno flaquito apretujado entre dos colecciones de tapas duras! ¡Así no me gusta!
Entonces los reacomodaba por altura, pero se presentaba otro problema:
–¿Qué hace mi querido amigo “Historia del S.XX” viviendo junto al práctico señor “Aprenda a Arreglar Electrodomésticos”, que a su vez es vecino de este muchacho que tanto le gusta el agua: “La Vida Marina”? -se preguntaba preocupada Herminia.
Entonces otra vez los ordenaba por color o por fecha de edición, por tipo de tapa o por cantidad de páginas. Mientras los ubicaba por vigésima vez les pasaba el plumero y prestaba atención que ninguno quedara apretado, tampoco inclinado o acostado.
Cuando los niños iban a la biblioteca tenían que leer muchos carteles:
“No acercarse más de tres baldosas a los libros.”
“Si desea un libro debe pedirlo con veintinueve días de anticipación y tener toda la documentación en regla.”
“Para saber qué necesita para ser usuario tiene que consultar carpeta de formularios, folio 533 al 1551.”
Los alumnos observaban los libros con deseos de hojearlos, pero Herminia miraba las manos de los niños y se quedaban inmóviles como los libros en los estantes.
Aunque en realidad los chicos comentaban que los libros se movían, pero nadie les creía. El comentario se confirmó cuando fueron el lunes a la biblioteca y, mientras la señorita Solimando inspeccionaba las manos de los niños, un alado ejemplar llamado “Coloridos Cantos de Pájaros”, se inclinó quedando medio cuerpo fuera de la estantería y empujó al señor Diccionario que con gusto caminó un pasito hacia adelante y tocó un libro de “Artes Marciales para Marsupiales”, que dio un giro en el aire y cayó en la cabeza de la señorita Herminia. La bibliotecaria sufrió un leve mareo y, al recuperarse, miró horrorizada la estantería donde todos los libros estaban fuera de lugar, incluso algunos descansaban en el piso.
–¡Esto es un caos! -gritaba Herminia mientras se tiraba de los pelos.
Los chicos no pudieron explicar que no tenían nada que ver con la situación de “caos” y fueron suspendidos de la biblioteca por un mes, por ese motivo no hay testigos de los hechos que se desarrollaron a partir de ese día:
Herminia Solimando se retiró de su trabajo a las 17 horas, cerró la biblioteca con llave, pasador y trancas. Antes se aseguró que cada libro estuviera en su lugar ordenado según el alfabeto, pero empezando por la z.
Cuando los libros se quedaron solos tomó la palabra el señor Diccionario que tenía mucha autoridad entre sus compañeros. Con voz ronca sacó de sus páginas un vocablo:
–Hastío.
Su primo, el Diccionario de Sinónimos, no tardó en responderle:
–Aburrimiento, cansancio, disgusto, fastidio, molestia.
– ¡Todo eso es lo que siento! -interrumpió un bello libro de poemas- mi destino está en los labios de los enamorados, los soñadores, los bohemios…
– ¡Y el mío en los laboratorios -dijo un ejemplar con cara de célula y orejas de tubos de ensayo
– ¡Yo quiero que mis letras las reproduzcan en teatros callejeros -acotó el libro “Obras de ayer y de siempre para todos los gustos y para toda la gente”- con su doble cara dramática y cómica.
– Mis páginas quieren esconderse dentro de las guitarras -agregó la “Antología de Canciones Populares”.
Los libros deseaban salir a conocer amigos, así fue que más de mil escaparon por la ventana. El viento los ayudó soplando en un primer momento del Sur y al segundo del Este, después fue viento Norte y no se olvidó de soplar desde el Oeste. Se repartieron los poemas, las historias y las idea por todos lados y direcciones. Los libros fueron techitos y sombreros,escaleras, puentes, alimentos, sueños, despertadores…
La ciudad y el campo se desperezaban cuando los libros se acomodaron en el mismo sitio que la señorita Herminia los había dejado. Cuando las Sherlock Holmes de las bibliotecarias llegó, enseguida notó que algo había sucedido:
– ¿Y esta oreja doblada? ¡Ooohhh! (se espantó Herminia ante un lomo encorvado), ¡Aaahhh! (gritó ante un lomo achatado).
Herminia se detuvo frente a “Historia Única: un pez sabe música”. El cuerpo del libro parecía un bandoneón. Herminia lo tocó y escaparon sonidos que invitaban a bailar, pero a ella la hicieron llorar. Tanto lloró que las lágrimas se deslizaron por los pasillos de la escuela, entraron a las aulas y los chicos tuvieron que terminar la clase del día sentados en los bancos, parados en los picaportes y colgados de las lámparas.
Un batallón de porteros, bomberos y vecinos con sus secadores (de piso y de pelo), trapos y trapitos, no podían detener tantas lágrimas. Las tablas de multiplicar, las acuarelas, las pulseras de la señora directora, las uñas postizas de la señorita de cuarto grado… ¡todo flotaba en la escuela!
Los libros estaban sequitos porque -antes de mostrar su sufrimiento- Herminia se encargó de protegerlos. Para que los libros no se desacomodaran en su ausencia, la bibliotecaria llamó a una ferretería e hizo un encargue de varios camiones cargados de cadenas y candados, uno para cada libro. Así quedaron los libros encadenados.

Herminia dormía en su casa y el plumero descansaba en un rincón de la biblioteca, cuando doña Democracia dijo:
– No nos pueden impedir que expresemos lo que cada uno tiene en su interior.
– Estoy de acuerdo, de qué me sirve saber tanto de derechos y garantías si no se lo puedo contar a nadie -dijo la Constitución.
Y así se armó una Asamblea de Libros con la consigna:“El derecho a ser leído y no caer en el olvido”. Se acordó por voto unánime que, aunque estuvieran atados, iban a liberar lo más valioso que tenían y que estaba intacto en el interior de cada uno. Así fue como las letras se desprendieron de las hojas. Las salas de espera de los hospitales, las almohadas, la mesa familiar, los bancos de las plazas y los trenes fueron invadidos por letras. Una invasión de letras que se tomaron de las manos e hicieron rondas de palabras, corazones de poesías, danzas de cuentos, olas de conocimientos, paisajes de historias. Había banderas, carteles luminosos y voces en las plazas que con letras adornadas repetían:
Liberada una historia
no hay candado que pueda sujetarla,
si la abrazás y la guardás en tu cabeza
no hay nadie que pueda apresarla.
Mientras las palabras se reproducían, Herminia llegó a la biblioteca y sintió alivio de encontrar todo en su lugar. Comenzó su rutina de limpiar los libros y volverlos a acomodar una y otra vez: por año de edición, por el grosor del papel o lugar de nacimiento del autor. Nunca se enteró que no cuidaba libros, sino hojas y tapas de cartón.

 Ana Gracia/Tihada

Libro álbum ilustrado por Paola Aragón Rocco
Algunas ilustraciones ver en el enlace http://cuentosdetihada.blogspot.com.ar/2012/10/libro-album.html






lunes, 25 de marzo de 2013

Gatito equilibrista equilibrado




 Gatito mimoseaba todo el día, entre la lengua de mamá que lo bañaba y las patas de papá que lo hacían gambetear con ovillos de lana.
Hasta que llegó el día que Gatito quiso salir a cazar un ratón y la mamá los pelitos del hocico le tiró.
– ¡Ya tengo dientes y garras! -protestó Gatito.
Pero mamá y papá quisieron que estuviera acostado cerca de sus pancitas.
Gatito panza para arriba pasó los veranos y los inviernos, hasta que un día estaba tan aburrido que saltó el tapial y se encontró con una linda Gatita que bailaba en una pata.
– ¿Cómo hacés eso? -dijo Gatito.
– ¿No has aprendido a hacer equilibrio?
–  No
– ¿Y a deslizarte en los tejados?
– Tampoco
–  ¿A caminar sobre un cable, trepar un árbol y dormir colgado de una rama?
– Nada de eso me han enseñado.
– Oh, qué pena…Pero si es tu deseo aprender soy la dueña de Circo de los Gatos Equilibristas Equilibrados.
A Gatito se le iluminaron los ojos. Les contó miau miau a mamá y a papá que se quedaron desconcertados cuando lo vieron partir.
Todos los días mamá gata y papá gato se sentaban en el tejado y repetían esta conversación:
– ¿Por qué teniendo tapial cerquita, todo cercado
– y gatita vecina
– ratones en casa
– ovillos para jugar
– se fue con los  Equilibristas Equilibrados?
– ¡Equilibristas disparatados! -gritaba enojado papá gato.
La luna y también el sol los escuchaban maullar sobre el hijo gato que no quiso quedarse en un lugar tapiado.
– ¡Y si cae en la boca del león!
– ¡Que siempre tiene su boca abierta!
– ¡Esperando su caída!
– ¡Para glup, glup, glup, degluptirlo!
– Deglutirlo -corregía mamá gata.
– Y ni qué hablar del mago.
– Un desconocido que lo puede transformar en…
– Perro, elefante o…ratón
– ¡Oh, qué desgracia caer en esa condición…!
La Luna decidió no aparecer por las noches para no escucharlos. Cuando el  sol se enteró también se escondió, por eso los días fueron nublados y las noches muy oscuras para los padres de Gatito. Hasta que una mañana el Gato Cartero en el techo un mensaje dejó: “Mamá y papá los invito al espectáculo que voy a presentar”.
El Sol les regaló rayos dorados y salieron muy engalanados. La Luna apareció para guiarlos con su luz.
Miau, miau en primera fila se sentaron mamá y papá gatos.
El Gato Presentador anunció:
¡Con ustedes el Gato estrella
quedarán asombrados con sus destrezas!
Y Gatito fue aplaudido por las mil y una maravillas que hizo: ¡desde nadar disfrazado de pez hasta bailar un tango con Gatita subidos a un clavel!
A la salida los Gatos Periodistas quisieron entrevistar a los padres del artista:
– ¿A quién salió tan talentoso?
– Ah, por la crianza -dijo papá gato.
– Tenemos un hijo tan valiente -dijo mamá gata.
Desde entonces, los ve la luna y el sol los ve cómo cuentan las hazañas que Gatito logró gracias a ellos. Los vecinos sonríen y subidos a las chimeneas miau miau comentan:
– ¡Es verdad, el amor apretujado lo convirtió a Gatito en un equilibrista!
– ¡Y de un mal cazador de ratones se transformó en un gran artista!

viernes, 22 de marzo de 2013

Hoy: Función de títeres!!!

El Sueño de la Abeja Rita

Títeres:
Abeja Rita
Abejitas Obreras 1, 2, 3.
Flores
Sol
Abeja Reina
 


Abeja Rita – (a las abejitas obreras) ¡A levantarse! Hay que visitar a nuestras amigas las flores, hace mucho calor, es un día ideal para juntar alimento.
Abeja Obrera 1 – Sí, para cuando llegue el invierno.
 

(Las abejas vuelan de flor en flor)
 

Abeja Obrera 2 – Gracias amigas flores por sus bellos colores y por el néctar.
Abeja Obrera 3 – Sí, gracias por el néctar que nos regalan para hacer la comidita
Abeja Obrera 4 – ¡Y gracias al sol que nos ilumina con sus rayos!
Abeja Obrera 1 – Ah, pero qué cansada estoy de trabajar todo el día…Tengo ganas de dormir la siesta…
Abeja Rita – ¡A mí también me gustaría descansar…pero hay que juntar mucho alimento para cuando el frío y el viento no nos dejen ni asomar la nariz afuera!
 

(Las abejas siguen volando de flor en flor. Se hace de noche y todas se retiran. Música. Sale lentamente el sol. Todas las abejitas se reúnen, menos Rita)
 

Abeja Obrera 1 – ¡Es hora de salir!
Abeja Obrera 2 – ¿Y Rita dónde está?
Todas las abejitas – Ritaaaa, ¿dónde estás?
 

(Las abejas vuelan de un lado a otro llamando a Rita. Escuchan un ronquido y la ven dormida)
 

Abeja Obrera 3 – Rita, vamos, despertate que hay que trabajar.
Rita – zzzzzzzzzzzzzzzzzzzz
Abeja Obrera 1 – ¡Vamos que hay que juntar alimento!

Abeja obrera 2 – ¿Qué te pasa Rita?
 

(Rita se despereza, les dice algo al oído y se vuelve a dormir. Entra a escena la Abeja Reina)
 

Abeja Reina – ¿Qué pasa que hacen tanto ruido y no van a trabajar?
Abeja Obrera 2 – Lo que sucede es que Rita, la abeja más trabajadora, hoy no se quiere levantar.
Abeja Reina – ¿Le duele algo?
Abejitas Obreras – (A coro) ¡No!
Abeja Reina – ¿Está enojada?
Abejitas Obreras – No, no es eso.
Abeja Reina – (Enojada) Entonces, ¿qué le pasa?
Abeja Obrera 1 – (Asustada) Eh… dice que ha tenido un sueño del que no quiere despertar…
Abeja Reina – ¿Y cuál es ese sueño?
Abeja Obrera 2 – Que ella es… eh… no se vaya a ofender, pero ha soñado que es… ¡la Abeja Reina y no quiere ir a trabajar!
Abeja Reina – ¡Qué disparate! … pero un disparate que me ha encantado (se ríe a carcajadas). Les cuento un secreto, ¡yo también tengo un sueño!
Abejas Obreras – (A coro) ¿Y cuál es ese sueño?
Abeja Reina – Ah, deseo salir a pasear, andar de flor en flor y regresar muy tarde cuando se esconde el sol. ¡Hoy dejaremos a Rita dormir y yo saldré con ustedes!
 

(En un rincón Rita duerme. La Abeja Reina y las demás abejitas obreras vuelan de flor en flor)
 

Abeja Obrera 1 – Rita y la Reina han cumplido sus sueños. No se sabe qué pasará mañana, pero al menos por un día lo están pasando muy bien… Y en cualquier momento yo también soñaré.


 



jueves, 21 de marzo de 2013

Inundar de Poesía

Hoy es el día de la poesía, pero ya sabemos que no alcanza un dia para celebrar lo que amamos...



Bebé de cuidado

Lo dejé sollozar por las mañanas
los pasos
tras el sustento
el olfato
detrás de la comida
las manos
acunaron la higiene

Gritó hambriento
el bebé poema
olvidé en una góndola
la palabra que lo calma
juro que la busqué
desesperada
los vecinos
la cajera
un buen señor de barba
miraron con ojos locos
la locura de buscar una palabra
de olvidar la billetera
la bolsa
los precios
por una palabra

Me esperaba
el crepúsculo y la noche
con el bebé sin alimento
balbuceando el para qué de todo
reclamando la palabra
que resbaló
en minúsculas agujas

El bebé crece
tiene dientes
me arranca y carcome
adelgazo y sigo
corriendo por el mundo
con la languidez al aire


Hoy
ahora
decido
entregarme
exhausta
entregarme
darle la papilla
letra por letra
levantarlo
y bajarlo del cielo
jugar con él
meterlo en el barro
y acostarlo entre tules

Bebé bebé
esta noche
te meto en mi cama
instalate en mi voz
en el andar
en mi cuerpo
vamos juntos
a darnos
y dar
de tu alimento


Inundar de poesía

Nos vamos a inundar de poesía
llueve la palabra
sale de las bibliotecas
de los libros ordenados
Quiere mojarte la poesía
salpica a los formales
es la baldosa floja
esa maldita que ensucia
el traje nuevo

 


 



 

lunes, 21 de enero de 2013

MilagroS

 Querid@s amig@s, comenzando el 2013 en el blog, los saludo con estas palabras que hoy llegan a mí y vuelan hacia ustedes

 

Cuando simplificamos el Milagro y lo entendemos como algo cotidiano, puede ocurrir que dejemos de llamar locos a los que ven ángeles bailando entre las hojas o materializan deseos mirando a la Luna o hablando con las aves.
 

También puede ocurrir que nos parezca tan natural, que dejemos de decir oh, y lo demos por hecho. Ese día es muy probable que nos suelte la mano, el Milagro digo, y después andemos preguntando a la Razón qué sucedió, pero la respuesta está en otra parte.

 

(Para mi libro en plena elaboración constante: "El Milagro Vivo")

 

¡Y por un año de plena manifestación constante!